VIDA NUEVA ÓRGANO DE LA UNIÓN GENERAL DE TRABAJADORES Y DEL PARTIDO SOCIALISTA OBRERO. ZARAGOZA . SE CONSTITUYE EL AYUNTAMIENTO REPUBLICANO DE ZARAGOZA







La realidad fue otra


VIDA NUEVA. ÓRGANO DE LA UNIÓN GENERAL DE TRABAJADORES Y DEL PARTIDO SOCIALISTA OBRERO.  ZARAGOZA (15 DE ABRIL DE 1931): SE CONSTITUYE EL AYUNTAMIENTO REPUBLICANO DE ZARAGOZA , páginas 1 y 2




TRASCRIPCIÓN: I.A GEMINI

Este es el texto íntegro del artículo periodístico que aparece en la imagen, el cual narra la constitución del Ayuntamiento republicano de Zaragoza tras las elecciones del 12 de abril de 1931.


Se constituye el Ayuntamiento republicano de Zaragoza

A las seis de la tarde del martes último, cuando aún no se tenían noticias concretas de la implantación de la República en España, los concejales elegidos por el pueblo en las elecciones del día 12, se dirigieron al Ayuntamiento, dispuestos a hacer valer sus derechos y a proclamar la República en Zaragoza.

Una enorme muchedumbre acompañó a los concejales republicanos y socialistas de la República.

Los vítores, las aclamaciones, las manifestaciones de entusiasmo, se sucedieron sin interrupción, y la entrada de los concejales al Ayuntamiento constituyó uno de los actos más emocionantes, acaso el único que se registra en la Historia de la ciudad.

Reunidos brevemente los treinta y dos concejales de la coalición republicano-socialista en un saloncillo de la Casa Consistorial, cambiaron impresiones acerca del paso trascendental que se iba a dar en aquellos momentos. Se conferenció por teléfono con el gobernador, aun actuante en aquellos momentos, señor Alonso Gamboa, significándole que por mandato del pueblo, que allí les había llevado, se iba a proclamar la República en el Ayuntamiento.

El gobernador rogó que le visitase en su despacho una comisión, de los allí reunidos, pues todavía no tenía noticias exactas de lo que sucedía en Madrid.

Pero entonces, asumiendo los presentes toda la responsabilidad que pudiera caberles, se acordó, en medio de un entusiasmo indescriptible, el constituir inmediatamente el Ayuntamiento y proclamar la República en Zaragoza.

Se cambiaron impresiones acerca de quién había de ocupar la presidencia, y se designó, unánimemente, al prestigioso republicano don Manuel Lorente, sus méritos, además de los propios personales, a haber sido Presidente de la Diputación, hasta aquella fecha, ignominiosa para España, en que la Dictadura atropelló la Constitución e implantó un régimen de ludibrio y mercadulismo.

También, y por unanimidad, se designó para primer alcalde del Ayuntamiento republicano, a don Sebastián Banzo, el hombre sacrificado, desde sus años mozos, a la causa de la República.

Inmediatamente de tomados estos acuerdos, los concejales se dirigieron al salón de sesiones, invadido por una gran muchedumbre, poseída de frenético entusiasmo, que lo invadía todo.

En la presidencia se sentaron don Mariano Joven, don Manuel Lorente, don Sebastián Banzo y don Francisco Oliver, mientras en los escaños se acomodaban los concejales electos de la coalición republicano-socialista, acompañados, fraternalmente, de los concejales de la minoría republicana del Ayuntamiento de la monarquía arrojada por el pueblo de su poder absolutista.

En medio de la emoción que es de suponer, don Manuel Lorente pronunció el siguiente discurso:

"Ciudadanos: La soberanía del pueblo se ha impuesto por su firmeza, voluntad y convicción. La República ha triunfado y, por lo tanto, hoy, con más emoción que nunca, en estos momentos augustos que nos embargan, unamos nuestro clamor al de todo el pueblo, que en estos momentos, aquí y en la calle, manifiesta su entusiasmo. ¡Viva la República! ¡Viva el Ayuntamiento! (ovación formidable y vivas). Yo, el más humilde de todos los republicanos, he sentido la emoción y he tenido el alto honor de ser designado en este acto solemne para presidirlo. Por lo tanto, y en nombre de Zaragoza republicana, doy posesión desde este mismo momento a los concejales triunfantes en las elecciones del pasado domingo, y en nombre también de esos concejales, propongo que sea designado alcalde don Sebastián Banzo. Tiene virtudes y méritos muy relevantes, y superiores, desde luego, a los que la han ocupado en estos últimos años. Ha sido uno de los más firmes baluartes de los republicanos aragoneses, y merece, con todo honor, con todo acento cariño también, ser en estos momentos históricos nuestro alcalde de la República. Le entrego, pues, con un fuerte abrazo, el atributo de mando de la primera magistratura, en nombre del pueblo de Zaragoza".

Al entregarle el bastón de alcalde, el señor Lorente se abraza emocionado al nuevo alcalde, en medio de los aplausos del pueblo congregado en el salón y de los vivas más frenéticos.

Acto seguido hace uso de la palabra el señor Banzo, quien dice que acepta el honroso cargo que se le ha confiado, aun haciendo constar que no aceptará seguir en él cuando la situación se haya normalizado.

Hace una loa de la coalición republicano-socialista, que procediendo con toda la virilidad y toda la nobleza, ha conseguido poner en pie al país, y en un acto hermoso como el celebrado el último domingo, ha conseguido la instauración de la República.

Elogia, con frases llenas de sinceridad y cariño, a los representantes socialistas que, por vez primera, se sientan en Zaragoza en los escaños de la Casa de la Ciudad, y pide un aplauso para ellos, que el público, y con él todos los concejales, les tributan, en medio de un gran entusiasmo.

Narra los sacrificios de siempre, y acentuados aún más en estos últimos tiempos, han hecho los elementos socialistas de la Unión General de Trabajadores, y asegura que, por méritos, merecían haber ocupado los cuarenta y siete puestos de que consta el Concejo.

Hace fe de su entusiasmo por la República desde la extrema izquierda y dice que la primera petición del Ayuntamiento, al constituirse, es la de pedir la libertad de todos los presos políticos y sociales, llegando incluso a romper las actas si esto, en breve, no es una realidad.

Dirige un llamamiento a todos los empleados municipales, más como compañeros que como subordinados y les invita a trabajar con entusiasmo para una labor fructífera y eficaz en aras de la mejor marcha de los asuntos municipales.

A continuación, y entre aplausos y vivas a la República, el señor Banzo pronuncia las palabras de ritual:

"Queda constituido el Ayuntamiento de Zaragoza".

Bernardo Aladrén, en representación de la minoría socialista, contesta a las cariñosas frases a ésta dedicadas por el alcalde de Zaragoza.

Dice que no puede aceptar el calificativo de jefe que el señor Banzo, acaso influenciado por el cariño que a él le une, ha pronunciado.

"Yo no soy —asegura— otra cosa que presidente de la Unión General de Trabajadores y del Partido Socialista; negamos que no aceptan jefaturas de nada, puesto que los cargos dirigentes son circunstanciales, y siempre sometidos a la confianza de los que constituyen las asambleas".

"Venimos a trabajar, como siempre lo hemos hecho, por el engrandecimiento de Zaragoza, y también hemos de dedicar nues- (corte del texto).


Es una mala vergüenza que en Graus haya un monumento a Costa erigido por los dictadores. La República debe substituirlo por otro, producto de la voluntad y del dinero del pueblo. Y esto, hoy mejor que mañana.

...tro esfuerzo a mejorar, en cuanto sea posible, no sólo a los empleados municipales, sino a los jornaleros del Ayuntamiento, víctimas siempre del olvido y aun del desprecio de los concejales monárquicos que han constituido hasta ahora este Ayuntamiento".

"No representamos, y no tenemos inconveniente en decirlo así, a toda la clase trabajadora, parte de la cual, desgraciadamente, no quiere admitir nuestras tácticas de lucha, pero, sin embargo, decimos, que con toda honradez y sin distinciones, laboraremos por todos los trabajadores de nuestra ciudad".

Recoge las palabras del señor Banzo y dice que los socialistas piden también, con toda energía, la libertad inmediata de todos los presos políticos y sociales, anhelo —dice— que haremos llegar, hoy mismo, a la Ejecutiva de la U.G.T.

Terminando expresando su satisfacción por ser derrocada la Monarquía española, y se pone a la disposición de la clase trabajadora para todo cuanto precise el esfuerzo de la minoría socialista en el Ayuntamiento de Zaragoza.

(Ovación formidable y vivas).

Para terminar, el señor Pi y Suñer pronunció unas breves palabras en nombre de los radicales socialistas, en las que expresó su satisfacción por el triunfo de la República y animó a todos a defenderla en todo momento.

Y con un ¡Viva la República! lanzado por el alcalde de Zaragoza y acogido con un entusiasmo frenético, terminó esta sesión memorable, en que se constituyó el Ayuntamiento de la Segunda República en Zaragoza. 

Comentarios