HABLAN POR HABLAR...


No son precisas más elecciones


ENLACE




El Gobierno, sintiéndose optimista, ha conversado, no ha hecho más que conversar, sobre la conveniencia de celebrar elecciones municipales, allá para el mes de noviembre. Damos en creer que se trata de una conversación de verano. Al Gobierno no se le oculta que hace tiempo que su ministro de la Gobernación viene celebrando elecciones municipales, no de distinta manera a como las haría de haber sido convocadas oficialmente desde la Gaceta después de un acuerdo del Gobierno. Las viene celebrando con una intensidad desconocida, y ahora parece que, terminadas las que se relacionaban con los Municipios socialistas, ha pensado, al menos por lo que a la provincia de Sevilla se refiere, celebrarlas en los Municipios republicanos. Estas elecciones que por propia iniciativa está llevando a cabo el ministro de la Gobernación son todo lo completas que cabe apetecer. Ha cambiado la faz política del país y ha encontrado justo cambiar la de los Municipios. ¿A qué hablar, ni por entretenimiento veraniego, de elecciones municipales? Estas que ahora se están haciendo no tienen riesgo ninguno para el Gobierno. Las derechas, que sepamos, no han protestado de ellas, y no habiendo protestado las derechas es una temeridad exponerse a que se querellen contra resultados adversos, por imprevisión del señor Salazar. Por imprevisión, no por otra causa, podrían las derechas llegar a resultados adversos. En cuanto las elecciones se hagan con el mismo criterio con que se hicieron las generales y se ponga, como vulgarmente se dice, toda la carne en el asador en el Ministerio de la Gobernación, esos resultados adversos no serán posibles. De todos modos, las elecciones suponen un derroche de dinero, un gasto de energías y admiten la posibilidad de un descalabro, para que se piense seriamente en celebrarlas, teniendo a mano el maravilloso recurso de las destituciones y suplantaciones. Ya es abusivo que el Gobierno piense en cosas tan remotas como las que pueden suceder en el mes de noviembre; pero ya que le esté negada la continencia al ambicionar, al menos que su ambición no le lleve a perder la cabeza. Sobran las elecciones municipales disponiendo de una facultad que desborda los acuerdos del Consejo de Estado. Son absolutamente innecesarias. Si admitimos que España es reaccionaria y está a punto de ser, de un día para otro, monárquica, no hay para qué hacer consulta de ninguna clase a la opinión. Es suficiente con reajustar los Municipios a aquel convencimiento, llevando a ellos, previa la separación de los concejales populares, a otros de real gana, que representen de un modo seguro las nuevas ideas políticas de los españoles y también, ello es muy importante, las nuevas maneras administrativas.


    Sin embargo, confesamos que nos gustaría asistir a unas elecciones presididas por el señor Salazar Alonso. Es el único dato que nos falta para completar su biografía de ministro. Sobre todo, nos gustaría asistir a ellas si el Partido, a la vista de la convocatoria, resolvía inhibirse de la querella, dejando a los otros que litigasen sobre mayorías y minorías, Pero con inhibición que no podría representar, como demasiado arbitrariamente suponía un colega, el derecho a que cada afiliado dispusiera libremente de su voto, sino todo lo contrario: la obligación de no usarlo. En todo, absolutamente en todo, el señor Salazar Alonso se ha propuesto mejorar la marca de Martínez Barrio, y, aun costándole mucho trabajo, conseguiría mejorar la que el político sevillano señaló, muy alta por cierto, en las elecciones generales. Serían notables y quedarían por históricas las elecciones que presidiera el numen arrebatado del ministro de la Gobernación. Pero no creemos que haya caso. Ese dato quedará inédito en su biografía de ministro de la República, y la falta de él la reputamos sensible.

¿Elecciones municipales? No lo entendemos, la verdad. No comprendemos para qué pueden hacer falta. Para calar en los anhelos de España, no; ya que son justamente esos anhelos los que se pretenden sofocar por todos los medios al alcance del Poder. Para poner los Ayuntamientos, apelando a todos los recursos, en manos de las derechas, tampoco. Eso ya se está haciendo, sin más que negarles la facultad de hacerse los dueños de los Ayuntamientos donde el Lerrouxismo tiene alguna fuerza, como en Valencia y Huelva. ¿Para qué, pues, la utilidad de esas elecciones? Seguro que no ha pasado de ser una conversación de verano sin trascendencia ninguna.


    La República, además, no precisa de nuevas elecciones. Todo hace suponer que ha hecho las últimas. Con esas elecciones se muere. Y es lícito que se muera, pues que con ellas se deshonró. Sí, señor Martínez Barrio, se deshonró. Aquel pacto para ganarlas en Córdoba, que fue un pacto general para España, justifica plenamente la desaparición de la República. Después de aquello no merece vivir. Y para habernos avergonzado con semejante conducta, no valía la pena haberla hecho nacer. Todos los males, estos de que los autores de las elecciones buscan huir con palabrería vana, arrancan del pacto de Córdoba, donde las más altas partes contratantes sabían, sin duda, lo que se hacían. A la vista de lo que viene ocurriendo, no nos cabe la menor duda de que sabían lo que se hacían. Falta por averiguar si el desenlace concordará con sus deseos. Lo ponemos en duda.






LEY DE ORDEN PÚBLICO 21 DE OCTUBRE DE 1931







Comentarios