ARCADI ESPADA: COMO EL QUE ESTÚPIDAMENTE DIJERA :"NO AL CANCER":
Como el que estúpidamente dijera "No al cáncer"
El nivel de la estupidez lo detalla la imposibilidad práctica del antónimo, el delirante que dijera "Sí al cáncer", "Sí a la guerra
La miseria intelectual de Pedro Sánchez destaca en mañanas como esta cuando se dirige a los compatriotas para explicarles qué va a hacer el Gobierno ante la crisis bélica e intenta que la farsa moral le saque de los graves atolladeros de la política: «En definitiva», dice, «la posición del gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra». Como el que dijera «No al cáncer», es difícil encontrar palabras más estúpidas. El nivel de la estupidez lo detalla la imposibilidad práctica del antónimo, el delirante que dijera «Sí al cáncer», «Sí a la guerra». Da reparo hacer el catálogo, pero hay que ponerse a la altura del presidente del Gobierno. No a la guerra, que dijera Churchill. No a la guerra, que dijera José Giral. Las guerras, como cualquier cosa que importa, han de observarse una a una. Y lo que Sánchez debió decir --como el líder de la oposición debe decir también-- es si la guerra contra la tiranía iraní le parece justa. Pero el presidente del Gobierno, que presume de altura moral, no solo es incapaz de decirlo. ¡Es que lo fía a los resultados, el moralista! Hay que leer con atención este fangoso párrafo de su discurso: «Es verdad que aún es pronto para saber si la guerra de Irán tendrá consecuencias semejantes a la de Irak. Si servirá para provocar la caída del terrible régimen de los ayatolás en Irán o [la nueva moda analfabeta es confundir copulativas con disyuntivas] para estabilizar la región. Lo que sí sabemos es que de ella no va a salir un orden internacional más justo, ni tampoco van a salir de ella salarios más altos ni mejores servicios públicos ni un medio ambiente más saludable. De hecho, lo que de momento podemos vislumbrar son más incertidumbre económica, subidas de precio de petróleo y también del gas». Un medio ambiente más saludable, dice el nuevo líder del mundo libre. Que le pregunte a las familias de las víctimas. Su medio ambiente. Ni una sola de las 1.670 palabras de su discurso la dedicó a los que han caído en las calles y mazmorras de Irán. Es consecuente. Esas víctimas están completamente al margen del Derecho Internacional. Y nombrarlas no puede encajar de ningún modo en su discurso. Sánchez pertenece a esa cuadra de hombres que cuando Franco salvó, también por su interés político, a miles de judíos húngaros habrían sido capaces de reprochar a las víctimas que se hubieran dejado salvar por atroz dictador semejante. La misma cuadra que cuando los americanos capturaron a Maduro, lo llevaron ante el juez y abrieron las cárceles, guardó un putrefacto silencio que aún se huele y se oye, libertad para qué. Si Sánchez tuviera un átomo de valor moral habría reclamado hace dos meses la inmediata libertad de Maduro. Habría dado el pésame a los cubanos muertos. Y ahora lloraría a Jamenei y a su nietecita. No a la guerra, ¿no? Pero quia. Solo un pequeño burgués oportunista y cagón, preocupado por sus inversiones en Bolsa
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