EL NAUFRAGIO DE LA ABSTRACCIÓN
Angel Merino en colaboración con IA Gemini
La falta de entendimiento de las metáforas y de las ironías nos lleva a un pensamiento sin abstracción.
Dicho de otra forma, cuando no logramos decodificar una metáfora o una ironía, nos quedamos atrapados en la literalidad. Es como intentar ver una película fijándose solo en los píxeles de la pantalla sin entender la historia que forman.
La metáfora no es solo un adorno poético; es una herramienta cognitiva. Nos permite entender conceptos complejos y abstractos (como el tiempo o el amor) a través de experiencias físicas y concretas. Por ejemplo: si alguien dice "el tiempo es oro", una mente literal buscaría metal precioso en un reloj. Con abstracción, entendemos que el tiempo es un recurso limitado y valioso.
La ironía es aún más exigente. Requiere que el cerebro haga tres cosas simultáneamente:
1. Entender el significado literal de las palabras.
2. Leer el contexto y la intención del hablante.
3. Detectar la contradicción entre ambos para extraer el verdadero mensaje.
Carecer de esta habilidad limita nuestra Teoría de la Mente, que es la capacidad de comprender que los demás tienen intenciones, deseos y creencias distintos a los nuestros.
Un pensamiento puramente literal nos conduce a la incapacidad de procesar el lenguaje figurado (fenómeno conocido en psicología como literalismo), lo cual tiene un impacto profundo en la experiencia humana. Las consecuencias de ese pensamiento puramente literal son:
• Rigidez cognitiva: Dificultad para adaptarse a cambios o para encontrar soluciones creativas
• Aislamiento social: Gran parte del humor y de la conexión emocional depende de los matices y lo no dicho.
• Pobreza de síntesis: La abstracción nos permite agrupar ideas complejas en conceptos simples. Sin ella, el mundo se vuelve un caos de datos sueltos sin conexión.
El desdoblamiento del lenguaje y la pérdida de abstracción
La sustitución del masculino inclusivo por la reiteración del masculino y del femenino es un ejemplo de eliminación de la capacidad de abstracción. Desde una perspectiva lingüística y cognitiva, este fenómeno (el desdoblamiento constante como "los ciudadanos y las ciudadanas") es un ejemplo perfecto de cómo se prioriza la referencia concreta sobre la categoría abstracta.
Llegados a este punto, es preciso recordar que el masculino genérico funciona, en su raíz, como un concepto abstracto. No representa a "los hombres", sino a la "clase" o "especie" sin distinción de sexo. Por ejemplo, la constante referencia a “alumnos y alumnas” elimina el pensamiento abstracto e impone el pensamiento concreto, lo cual nos lleva a una serie de consecuencias:
1. De la categoría al inventario
• Pensamiento abstracto: Nos permite entender que "el alumno" es una entidad conceptual que engloba a cualquier persona que estudia.
• Pensamiento concreto: Necesita nombrar cada parte (alumnos y alumnas) porque no logra sostener la idea de que un solo término represente la totalidad si no se visualizan sus componentes por separado. Pasamos de una síntesis mental a una lista de inventario.
2. La pérdida de la economía del lenguaje Al fragmentar el lenguaje para hacerlo "descriptivo" en lugar de "significativo", la mente se detiene en la forma y el género de las palabras más que en el fondo del mensaje. Por tanto, perdemos la eficacia de la abstracción y corremos el riesgo de que el cerebro se sature, procesando la estructura (el "quiénes") en lugar de usar su energía cognitiva en profundizar en el contenido (el "qué").
3. La literalidad frente al símbolo Este fenómeno nos lleva al literalismo ideológico. Si algo no se nombra explícitamente y de forma literal, "no existe" en la mente, ignorando que el lenguaje humano es inherentemente simbólico. Si perdemos la capacidad de aceptar que un símbolo (el genérico) representa una realidad plural, obligamos al pensamiento a volverse bidimensional; una mente que ha perdido la "profundidad de campo".
Si el pensamiento abstracto es en 3D (añade capas de contexto, intención, historia y símbolo), el pensamiento bidimensional es plano: solo ve lo que tiene delante, de forma literal y fragmentada. Esta mente se caracteriza por:
4. La reducción del símbolo a la cosa Para una mente bidimensional, el símbolo y lo que representa son lo mismo. No hay separación entre el significante y el significado.
• Si quemas una bandera, para el pensamiento 2D no estás atacando una idea, estás cometiendo un acto físico de odio contra cada individuo de ese país.
• Al no haber abstracción, no puedes separar la forma del fondo.
Una historia personal ayuda a entender esto: cuando un compañero entra por la puerta a primera hora de la mañana y me saluda con un protocolario y amistoso «Buenos días», yo respondo a veces con una broma: «Ya estamos con juicios de valor». Los que se sienten desconcertados es porque no ven el saludo como tal; ven la palabra "bueno" como un dato y la juzgan como una imposición.
5. La ausencia de "perspectiva temporal" La tercera dimensión del pensamiento es también el tiempo. La abstracción nos permite entender que los valores y el lenguaje evolucionan. En cambio, el pensamiento bidimensional juzga el pasado con las reglas del presente de forma literal. No puede "viajar" mentalmente al contexto de hace tres siglos porque solo existe el aquí y ahora de su propia sensibilidad.
El pensamiento "woke" y la fragmentación
La pérdida del pensamiento abstracto está potenciada por el pensamiento «woke». Si analizamos su estructura desde la lógica lingüística, se observa una tensión directa con la abstracción clásica a través de dos pilares:
1. El triunfo del "sujeto particular" sobre el "sujeto universal" La Ilustración nos trajo conceptos como "Ciudadano" o "Humanidad". Son abstracciones que ignoran características físicas para centrarse en la esencia legal o moral. La visión woke sostiene que esas abstracciones son "trampas". En consecuencia, se obliga a la mente a volver constantemente a lo biológico. El pensamiento deja de ser capaz de ver "al hombre" para ver solo una suma de etiquetas identitarias (raza, género, orientación). Se pasa de la unidad abstracta a la fragmentación concreta.
2. La "hipersensibilidad" al lenguaje y el fin del doble sentido El pensamiento "woke" tiende a ser hiper-literal. Si una palabra tuvo un origen ofensivo hace 200 años, se juzga por su literalidad histórica, no por su uso actual. Esto elimina la "distancia estética" necesaria para el humor. Si no puedes separar el símbolo de la realidad, la abstracción desaparece y solo queda el tabú.
Surge, en consecuencia, un pensamiento con estructura teológica. Al perderse la abstracción, la esfera pública deja de ser un espacio de debate racional para convertirse en un espacio de gestión de lo sagrado. La transgresión deja de ser una "opinión diferente" y pasa a ser un "sacrilegio".
La abstracción nos permite disfrutar de una obra de arte sin creer que la obra es la realidad, pero con el pensamiento bidimensional no hay separación. Si la imagen es "mala", el cuadro es "malo". La cancelación opera bajo la lógica del pensamiento mágico: creer que la mera existencia de una estatua o un libro daña físicamente. No se combate la idea con otra idea; se elimina el objeto. El fuego purificador de otras épocas es hoy el ostracismo digital.
Para finalizar, nos encontramos ante una paradoja: en una era que se pretende científica y atea, se ha actualizado una concepción del pecado y el sacrilegio extremadamente rigurosa. Para Gramsci, más que una paradoja, esto sería una amarga ironía.

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