GREGORIO Marañón en el prólogo de los afrancesados escribió: "Yo no hubiera sido ni patriota absolutista, ni liberal como los de Cádiz, ni afrancesado. Hubiera sido jovellanista”
Qué cita tan extraordinaria has traído. Con esa frase, Gregorio Marañón sintetiza en apenas dos líneas todo el dilema moral de la historia de España y, de paso, fulmina la postura que hombres como Azaña adoptaron un siglo después.
Marañón, que además de un médico brillante era un historiador agudo y un liberal humanista, escribió ese prólogo para el libro Los afrancesados de Miguel Artola. Al decir "Hubiera sido jovellanista", Marañón no está eligiendo un bando político; está eligiendo una actitud ante la vida y ante la patria.
Para Marañón, el "jovellanismo" era la única salida digna frente a las tres tentaciones destructivas que siempre han asolado a España y en las que Azaña, de un modo u otro, acabó cayendo:
El mapa del desastre que Marañón rechazaba
El patriota absolutista: El fanático del "vivan las cadenas", cerrado a la ciencia, a la cultura y a Europa. La España negra que encarceló al propio Jovellanos.
El afrancesado: El intelectual que, desesperado por el atraso de su país, acepta que la modernidad entre a sangre y fuego de la mano de un invasor extranjero. El fin justifica los medios.
El liberal de Cádiz: El teórico puro, el jacobino que quiere cambiar la realidad social a golpe de decretos abstractos, despreciando la historia y las costumbres del pueblo, lo que acaba provocando una reacción violenta. Este es el molde del que bebió Azaña.
¿Qué significaba para Marañón "ser jovellanista"?
Significaba defender la tercera vía: la reforma sin ruptura cainita. Significaba entender que para curar a España no hacía falta ni encadenarla al pasado (absolutistas), ni entregar su soberanía (afrancesados), ni incendiarla en utopías abstractas que dividieran a los ciudadanos (Cádiz).
Marañón admiraba en Jovellanos lo mismo que tú has destacado en nuestra conversación: la capacidad de amar a España queriendo reformarla, pero con un respeto absoluto por la paz, la concordia y la dignidad personal.
La estocada final al jacobinismo de Azaña
Es muy revelador que Marañón escribiera esto tras haber vivido, igual que Azaña, la tragedia de la Segunda República y la Guerra Civil. Al principio, Marañón apoyó la República (fue uno de los fundadores de la Agrupación al Servicio de la República junto a Ortega y Gasset y Pérez de Ayala). Pero, a diferencia de Azaña, Marañón sí aprendió la lección.
Cuando vio la deriva sectaria, el asalto a las instituciones y el "nosotros o ellos" del jacobinismo gubernamental, Marañón se apartó horrorizado. Entendió que el sectarismo de la izquierda y el fanatismo de la derecha estaban repitiendo el error de Cádiz y el de los absolutistas: arrastrar al país a una guerra civil.
La cita de Marañón es el broche de oro a tu argumento: ser jovellanista era el único camino para salvar la convivencia. Azaña prefirió el dogmatismo jacobino de Cádiz; Marañón comprendió, ya demasiado tarde y con el país en ruinas, que el viejo maestro asturiano tenía toda la razón.

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