EL NEOHISTORICISMO O ARQUITECTURA HISTORICISTA



El neohistoricismo (o arquitectura historicista) es una corriente arquitectónica del siglo XIX y principios del XX que recrea o imita estilos de épocas anteriores, combinándolos a menudo con materiales y funciones modernas.

 

Características principales

Recuperación del pasado: Rescata lenguajes artísticos medievales o clásicos impulsada por el romanticismo y los nacionalismos.

Innovación técnica oculta: Utiliza materiales industriales modernos (hierro, vidrio) bajo apariencias tradicionales.

Nuevos usos: Adapta formas antiguas (como el gótico) a edificios civiles, parlamentos o estaciones que sus creadores originales jamás imaginaron. [

Estilos «Neo» más destacados

Neogótico: Inspirado en la Edad Media. Un ejemplo famoso es el Palacio de Westminster en Londres.

Neorrenacimiento: Basado en el clasicismo italiano.

Neomudéjar: Típico de la península ibérica, emplea ladrillo visto y arcos de herradura. 


En España, dos regiones lideraron de forma monumental el desarrollo del neohistoricismo arquitectónico, cada una impulsando una corriente con una identidad propia muy marcada: Andalucía y la Comunidad de Madrid. 

1. Andalucía y el "Regionalismo Historicista"

Andalucía es la región por excelencia donde el historicismo evolucionó hacia un movimiento identitario fortísimo entre finales del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Los arquitectos andaluces buscaron revivir las épocas de mayor esplendor de su historia local (el periodo hispanomusulmán, el mudéjar y el barroco). 

El Neomudéjar y Neorrenacimiento andaluz: Se caracterizó por el uso maestro del ladrillo visto, la cerámica vidriada (azulejería trianera), la yesería y los arcos de herradura. 

Epicentro: Sevilla fue el núcleo absoluto gracias a los preparativos de la Exposición Iberoamericana de 1929.

Obra cumbre: La majestuosa Plaza de España en Sevilla, diseñada por Aníbal González, la cual combina elementos renacentistas, barrocos y neomudéjares. 

2. Madrid y el Neomudéjar como "Estilo Nacional"

La capital de España adoptó el neomudéjar casi como un sello de identidad propia. Al contrario que en el resto de Europa, donde imperaban los neogóticos o neoclásicos, los intelectuales y arquitectos madrileños vieron en el mudéjar medieval el único estilo genuino y exclusivo de la historia de España. 

Su ventaja: El uso del ladrillo —económico y versátil— permitió que se aplicara masivamente tanto en grandes infraestructuras públicas como en viviendas de clases populares o colonias obreras. 

Obras cumbre: La desaparecida Plaza de Toros de Goya (que fijó el estándar para casi todas las plazas de toros españolas), el Matadero de Madrid o iglesias como la de San Fermín de los Navarros. 

Otras regiones con focos de interés

Cataluña: Aunque el Modernismo terminó eclipsándolo todo, el neohistoricismo dejó huellas notables con la finalización neogótica de la fachada de la Catedral de Barcelona.

Cantabria y Asturias: Destacaron por el neogótico costero y montañés, con ejemplos como el Palacio de Sobrellano en Comillas o la Basílica de Covadonga. 


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