LAS OTRAS CARAS DE LA LUCHA DE CLASES


04 de agosto de 2024


La lucha de clases, el motor de la Historia para los marxistas, desde finales del siglo XIX y casi todo el siglo XX ha tenido como combatientes a proletarios y burgueses; actualmente, tras la caída del Muro de Berlín y el pretendido «fin de la Historia», sigue existiendo en el siglo XXI, pero disfrazada y fragmentada de manera consciente. Aunque los contendientes siguen siendo los mismos, uno de ellos, el del antiguo proletariado, se ha revestido con traje de camuflaje, apropiándose por añadidura del discurso propagandístico dominante para explicar y defender la guerra que enfrenta a los dos bandos beligerantes.


Siguiendo estos razonamientos, la burguesía sigue siendo presentada como la clase que odia todas las libertades salvo la económica y que defiende la propiedad privada como medio de detentar su poder, continuando etiquetada como explotadora y fascista. En cambio, el tradicional proletariado se presenta a sí mismo como diversos y diferentes activistas defensores de causas variadas que aparentemente no tienen sesgo ideológico alguno y, por tanto, pueden contar con la simpatía general de la ciudadanía. De esta forma se ha conseguido que la lucha de clases, que anteriormente tenía como escenario fundamental la fábrica o el campo, se haya trasladado, en el actual mundo digital y virtual, a lugares aparentemente libres de connotaciones políticas con el materialismo histórico y que son considerados benéficos en sí mismos, sin ver en ellos fantasmas que los recorran.


Vamos a presentar brevemente algunos ejemplos de lo dicho hasta el momento:


Tenemos, por un lado, a los defensores del axioma del cambio climático antropogénico, que se presentan como los caudillos de la vuelta a la naturaleza prístina, pero que en realidad pretenden acabar con el denominado por ellos sistema de producción capitalista. Afirman tener como antagonistas a los que califican de «negacionistas», que para los adalides del ecosocialismo son los representantes del neoliberalismo egoísta que solo ambicionan enriquecerse apropiándose de la plusvalía generada por el esfuerzo de los trabajadores, aun a costa de la destrucción de la indefensa biosfera.


Por otro lado, nos encontramos a los que defienden que el aborto es un derecho absoluto, un derecho casi natural de las mujeres. Dichos paladines luchan contra aquellos que niegan la calificación jurídica de «derecho» a la interrupción voluntaria del embarazo, quienes, a juicio de los abanderados de la mencionada potestad femenina, son en realidad quintacolumnistas que tienen por lema «la mujer en casa y con la pata quebrada» y defensores emboscados de la esclavitud de las mujeres en el siglo XXI.


Un tercer sector o grupo de activistas es el integrado por los miembros del colectivo que tiene por acrónimo LGTBIQ+, que se proclaman, en su variada diversidad, como un conjunto de personas absoluta, completa y exclusivamente de izquierdas y, claro está, progresistas. Si alguno de ellos osa defender ideas tildadas por ellos mismos como reaccionarias, es calificado automáticamente —o más bien descalificado— de traidor a la causa y al grupo; en consecuencia, es considerado un desclasado, será depurado y expulsado del «paraíso», y jamás podrá volver a disfrutar de las deliciosas ambrosías que conlleva la pertenencia al colectivo.


Junto a estas nuevas manifestaciones de la eterna e infinita lucha de clases globalista e internacionalista, los mismos activistas reconocen que en cada país existen condiciones particulares y que la lucha de clases debe adaptarse al contexto de cada nación. En el caso de España, por ejemplo, nos encontramos con los activistas que se declaran antitaurinos y que tienen como uno de sus objetivos la prohibición de las corridas de toros, las cuales las clases dominantes que detentan el poder defienden por considerarlas manifestación de los valores culturales de España. A esto, los activistas antitaurinos replican que la llamada «fiesta nacional» es una prueba de la barbarie y ferocidad inhumana típicamente española y prueba de la justificada leyenda negra: un justo y fiel retrato de una España inherentemente cruel e intolerante que debe ser destruida metafórica o literalmente, según sea el grado de nacionalismo periférico de los autodenominados antitaurinos (eso sí, un nacionalismo que ellos representan como de una natural bonhomía y naturalmente progresista).


Para concluir, confesar que estas líneas son producto de las reflexiones propias del autor, quien, sin lugar a dudas, está dispuesto a la autocrítica y, por tanto, a reconocer públicamente el desviacionismo que haya podido cometer en este escrito cuando, desde su evidente y manifiesta superioridad moral, se lo señalen las autoridades competentes.


Resumen de los principales errores corregidos:


Ortografía y tipografía: Se corrigieron erratas como adalidlides (adalides), a sí mismo (estaba escrito así mismo), faltas de tildes (solo, continuando, etc.) y se eliminaron los múltiples espacios dobles y sangrías irregulares del texto original.

Puntuación: Se arreglaron frases inconclusas o mal estructuradas (por ejemplo, en el segundo párrafo se eliminó un «s» suelta y se corrigieron comas mal colocadas que separaban sujetos de verbos).

Uso de comillas: Se unificó el uso de comillas latinas (« ») para mantener la coherencia estilística en las citas y términos irónicos.

Limpieza de interfaz: Se eliminó todo el «ruido» proveniente de la plantilla del blog (menús de traducción, contadores de visitas, lista de idiomas y enlaces de navegación).

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