GILBERT K. CHESTERTON :EL COLOR DE ESPAÑA Y OTROS ENSAYOS. "LA TRADICIÓN DE TOLEDO".
GILBERT K. CHESTERTON
EL COLOR DE ESPAÑA Y OTROS ENSAYOS
LA TRADICIÓN DE TOLEDO.
Una de las primeras impresiones que una visita España genera en cualquier persona con imaginación histórica es más la sensación del mundo que gira alrededor del Mediterráneo que de los tres mundos separados que divide el mar. Supongo que eso es lo que quería decir el viejo mundo cuando hablaba de la redondez o circunferencia de las tierras. El caso es que un hombre puede navegar de puerto en puerto alrededor de todo ese mar interior y encontrar al menos algo que une entre sí a todos esos lugares. Si penetrase más en los diversos continentes encontraría sin duda cosas muy diferentes: muy diferentes si se introdujese en lo que en lo que llamamos las selvas africanas; muy diferentes si recorriese las llanuras asiáticas. Pero gran parte de lo que nos imaginamos que es asiático en el Líbano o africano en Argelia pertenece realmente a la civilización centralista y es cuando menos tan europeo como las zonas más Moriscas de España. Creo que es porque la gente ve eso cuando no lo espera por lo que no puede comprenderlo y sus descripciones resultan tan convencionales y poco convincentes. Pues cuando la gente ve lo que no comprende ni siquiera cree lo que ve.
Así, Toledo me pareció que ella asemejaba a Jerusalén mucho más de lo que Jerusalén se asemejaba a la mayor parte de sus propias fotografías. Posee una muralla que corona una colina cuyas vertientes empinadas muestran un indiscutible parecido con unas ruinas e incluso con un montón de escombros. Es una de esas regiones salpicadas de olivo robustos y surcadas por intrépidos miedos que nos ofrecen esa impresión que callamos en nuestras islas nórdicas de lluvias abundantes y al toser vacío, la impresión de que la vegetación constituye una excepción. Se trata de un objeto verde y no me lamente de un fondo verde. Nosotros tenemos nuestros campos verdes a nuestras nubes grises, y quizá no se lo agradezcamos lo suficiente. En esas magníficas ruinas españolas un hombre tiene inmediatamente la sensación de que se haya dentro de un círculo de radio Django que queda al sur y de que esos mismos radios tocan también a Jerusalén al fin del mundo.
No es fácil definir lo que es ese círculo quienes indebidamente se sienten descontentos de las nubes grises pueden inclinarse a decir que simplemente el círculo del sol. Pero yo me inclino a creer que es también el círculo de una cultura y una tradición histórica que alcanza todos y sus lugares aun siendo diferentes de uno y otro lugar. Hay algo común entre esos extremos de la tierra o del mar los cruzados estuvieron en Jerusalén y los moros estuvieron en Toledo. Pero la idea tradicional que divide el mundo en cuatro partes al viejo estilo no busca esa similitud. No la espera, y no puede esperarse que la espere. Espera que Jerusalén sea solo un bazar asiático como Bagdad o como Bombay. Espera que Toledo se concentre en las espadas toledanas como Sheffieid en la cuchillería sheffieldiana. En numerosos aspectos, Toledo se parece mucho a una espada, Acerada y de un espíritu caballeresco muy severo, pero la calienta el sur; se halla en el círculo del sol.
Sí que se acostumbra hablar de la influencia morisca, como si la que es en realidad una influencia mediterránea hubiese sido siempre una influencia musulmana. Creo que se trata de un completo error. La conexión indefinible que une a una ciudad como Toledo con una ciudad como Jerusalén existía antes de que naciera Mahoma. Siguió siendo esencialmente una colección cristiana mucho tiempo después de que la religión de Mahoma se extendiese primeramente por esos lugares y más tarde se retirarse de ellos. Podemos llamarla, si se quiere, influencia romana, aunque hasta seguí suficiente. Podemos relacionarla con nuestra idea de la unidad cristiana, si bien ello sería, naturalmente, cuestión discutible. Pero sea como fuere, no tuvo su origen en el desierto ni las áridas negaciones propias de una fe del desierto. El islam no pudo plantar y sus viñedos pues prohibía el vino. No esculpió imágenes pues prohibía a las estatuas. No encuentro la devoción caballeresca por la dama buscándola en la ley, ni pudo hallar todas esas leyendas sobre de la madre y el niño el de aridez del dogma islámico del aislamiento de Dios.
Las tradiciones impide Toledo levanta todavía su resquebrajada corona de tejados y murallas almenados puede haber sido vivificado por movimientos procedentes del oriente, moverse mezclado ventajosamente con cosas extrañas y remotas; puede haber ganado y entregado algo a cambio en su contacto con los conquistadores árabes de África; pero es seguro, si es que hay algo seguro, que cuando el espíritu de España y de la cristiandad occidental se puso en contacto con la nueva vida, fue en la forma de su propia vida como se desarrolló, y fue a la altura de su propio destino a la que volvió a elevarse. El islam no creó allí y mundo nuevo solo tuvo que exportar a un mundo que estaba dormido. Y segundo está ahora muy despierto y si la catedral de Toledo no se ajustó simplemente al modelo de una mezquita y si tira cuando los musulmanes dominaban el mundo, el presente es menos probable todavía que la solicitas sin gastos distintivos sean los únicos templos del futuro

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