Según relata Abel Paz, el origen de la bandera rojinegra se encontraría en 1931, a raíz de la conmemoración del 1° de mayo. En la reunión preparatoria, llevada a cabo el 27 de abril en el Sindicato de la Construcción,
“uno de los problemas que se presentó fue decidir bajo qué bandera se iba a desfilar. La cuestión no era meramente de forma, ya que tenía un fondo teórico importante, que arrancaba de una polémica surgida en 1919 entre los componentes del grupo anarquista “Bandera Roja” y el grupo anarquista “Bandera Negra”. Los primeros, aunque anarquistas-puesto que fue desde su periódico desde donde ya en 1919 se lanzó la idea de pasar a la constitución de una Federación Comunista Anarquista Ibérica- ponían mayormente el acento en la cuestión sindical obrera; los segundos, más radicales, entre los que militaba García Oliver, eran anarquistas más principistas y, por tanto, más distanciados (en aquella época) de las cuestiones puramente sindicales. Una viva controversia se entabló entre los dos grupos, prolongándose, prácticamente hasta 1930. (…) Pero con la proclamación de la República, y a la vista de las perspectivas que facilitaban el movimiento de masas, dicha polémica carecía de sentido. Sin embargo, era preciso dejar constancia del acuerdo mutuo. Y fue justamente García Oliver quien propuso dar expresión plástica al acuerdo, haciendo de las dos banderas una sola; la bandera rojinegra. Por primera vez en la historia, la bandera rojinegra presidiría una manifestación de la CNT-FAI”[1].
Abel Paz, Durruti en la revolución española, Fundación de estudios libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid, 1996, 254.
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