CUANDO LOS POLÍTICOS EJERCEN DE JUECES, HISTORIADORES y FILÓLOGOS
CUANDO LOS POLÍTICOS EJERCEN DE JUECES, HISTORIADORES Y FILÓLOGOS.
1. Políticos como Jueces: El fin de la presunción de inocencia
Cuando un político asume el rol de juez, la separación de poderes se difumina. No se busca la justicia basándose en pruebas y garantías procesales, sino la rentabilidad electoral.
El síntoma: Juicios paralelos en ruedas de prensa o redes sociales. Se condena o absuelve a personas públicamente antes de que un tribunal se pronuncie.
El peligro: Se debilita el Estado de Derecho y se sustituye la ley por el "tribunal de la opinión pública".
2. Políticos como Historiadores: El pasado como arma arrojadiza
La historia es compleja, llena de matices, grises y contradicciones. Sin embargo, cuando la política la secuestra, la convierte en un cómic de buenos y malos.
El síntoma: La "memoria histórica" selectiva. Se rescatan eventos del pasado (a veces descontextualizados o alterados) para justificar políticas del presente.
El peligro: El revisionismo interesado. No se busca entender el pasado para no repetirlo, sino utilizarlo como un garrote contra el adversario actual.
3. Políticos como Filólogos:
a) El control del lenguaje
Quien controla las palabras, controla el pensamiento. Los políticos no analizan la evolución natural de la lengua; la fuerzan para moldear la percepción de la realidad.
El síntoma: El uso de eufemismos (llamar "desaceleración transitoria" a una crisis, o "modificación normativa" a un pacto político polémico) y la ingeniería lingüística.
El peligro: La polarización de las palabras. Los términos pierden su significado real y se convierten en dogmas de fe. Si no usas el vocabulario exacto del grupo, quedas excluido.
b) La lengua como aduana identitaria (El político como "guardián")
En lugar de entender la lengua como una herramienta de comunicación, cultura y riqueza, la política la convierte en un instrumento de demarcación.
El síntoma: Se utiliza el idioma como un filtro para determinar quién es "buen ciudadano" o "verdadero integrante" de la comunidad y quién es un de fuera o un desafecto.
El peligro: El idioma deja de unir y empieza a segregar, creando ciudadanos de primera y de segunda en función de su competencia o uso lingüístico.

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