Elegido miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1932, pronuncia su discurso de ingreso, titulado Marxismo y antimarxismo, el 28 de abril de 1935. Este discurso, y su contestación por parte de D. Niceto Alcalá Zamora, fue publicado por la Academia el mismo año. A raíz del discurso, Besteiro mantuvo una polémica con Luis Araquistáin en las páginas de la revista Leviatán y del periódico Democracia. Por sugerencia de personas interesadas, Besteiro realiza una nueva edición del discurso, junto con discursos pronunciados en el año 1933, publicada por la Gráfica Socialista, entidad que presidía en 1935, para: “divulgar mis puntos de vista y aun los fundamentos de mi actitud en momentos críticos de la vida del Socialismo en nuestro país”, en clara alusión a los sucesos de octubre de 1934. La elección del tema del discurso resulta consecuente con el hecho de ser el primer socialista en ingresar en la Academia y, como señala Pedro Ribas, “Aunque Besteiro no sea un gran teórico del marxismo y no haya dado muestras de interesarse a fondo por la obra de Marx, se vio obligado a entrar en debate sobre ello”, en el primer debate que se produce en España sobre el pensamiento de Marx. ( ENLACE)




[...] Un Partido Socialista en el poder que, por las circunstancias que sean, no puede acometer la solución de los grandes problemas económicos con su orientación propia, corre gran riesgo de desdibujarse y confundirse con la psicología y los hábitos de acción propios de los partidos representantes de la burguesía intervencionista y reformadora.

Y un Partido Socialista fuera del poder que acentúe el culto de la violencia, pero no se cuide de construir, al modo de los laboristas ingleses, un programa bien maduro de política gubernamental que comprenda puntos tan esenciales como la socialización de las industrias principales y de las grandes explotaciones agrícolas, la socialización de los transportes, de los establecimientos de crédito y de las funciones principales del comercio, puede fácilmente degenerar en un reformismo revolucionario y violento de psicología y de actuación muy semejante a la del fascio.


CONCLUSIÓN

Hay quien se pregunta si los intelectuales de nuestra época se hallan propiamente a la altura de su misión. En su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, un muy querido compañero mío, el profesor D. Manuel García Morente, emitía la duda de si, en nuestro tiempo, no existe una cierta cobardía intelectual; un autor alemán, Paul Szende, ha escrito un artículo bajo el sugestivo epígrafe «La edad de la pereza mental» (Das Zeitalter der Denkfaulheit), y es bien conocido el libro de Julien Benda cuyo título, La trahison des clercs, tiene todo el acento de una imprecación dirigida a los intelectuales de nuestro tiempo.

Análogas imprecaciones fueron también frecuentes en los años de la Revolución francesa, en los cuales la palabra literateur llegó a adquirir una marcada significación despectiva, a despecho de lo cual la literatura de aquella época revolucionaria perdura y perdurará a través de los siglos.

¿Será tal vez que, por la misma razón que las épocas de crisis económica son propicias para la resurrección de todas las veleidades dictatoriales, en ellas suelen prosperar injustas tendencias al sacrificio de la intelectualidad como víctima propiciatoria? (ENLACE)

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