LA VERDADERA ESENCIA DEL PROGRAMA DE T.V.E «LA CLAVE»

 





LA VERDADERA ESENCIA DEL PROGRAMA DE T.V.E «LA CLAVE»  

Lo verdaderamente revolucionario de ese programa no eran los datos que se daban, sino el modelo de conducta. Balbín no solo sentaba a debatir a marxistas, liberales, falangistas o intelectuales de la Iglesia; lo que hacía era demostrarle a un país que salía de una dictadura que se podía convivir en el desacuerdo. El valor del programa estaba en el proceso, no en el resultado. El espectador se iba a la cama habiendo escuchado tres o cuatro visiones distintas del mundo, enriquecido por la diversidad, y sin que nadie le hubiera dicho qué tenía que pensar.

El problema actual es que ese concepto de "la diversidad por el placer de la diversidad" ha sido sustituido por la lógica del bando.

Hoy en día, el ecosistema de los medios y las redes sociales premia todo lo contrario:

Se busca el "zasca", la humillación del rival o el monólogo donde todos los de la mesa piensan igual para reforzarse mutuamente.

Ya no se enseña a escuchar al que piensa diferente; se le retrata como a un enemigo al que hay que vencer 

 Hoy día se ha perdido la costumbre de ver mentes brillantes contrastar opiniones con educación era, que es en sí mismo, el mayor de los espectáculos.


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