Manuel Azaña y el Poder Judicial

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En noviembre de 1932, tuvo lugar una de las de las sesiones políticas más apasionantes que se dieron en el Parlamento. Tuvo como objeto de discusión nada más y nada menos que el Poder Judicial (Diario de sesiones, 23.11.1932).

El encuentro parlamentario -exento de insultos, sapos y culebras-, lo coprotagonizaron José María Gil Robles, de la CEDA, y Manuel Azaña. La disputa dialéctica entre ambos políticos fue tan bueno que el escritor catalán Josep Pla no dudó recogerlo en su libro Historia de la Segunda República (Destino, 1940).

Azaña respondió así a una interpelación del político derechista en la que, según el texto parlamentario, sostenía que "la política del Gobierno (de Azaña) está acabando con la independencia del Poder Judicial; los jueces están viviendo bajo el peso de una intolerable coacción”.

La frase parece extraída de los múltiples cruces dialécticos acusatorios que se han dado entre la derecha y la izquierda durante este mes. Y la frase del fascista dirigente de la CEDA, Gil Robles, no podría ser más exacta si la aplicásemos al PP de hoy, aunque no dirija el Gobierno. La expresión “intolerable coacción” describe perfectamente el comportamiento de esta derecha actual, tan parecida a la CEDA en muchos aspectos.

Es verdad que la política de los gobiernos existentes desde 1978 deja muchos claroscuros en relación con el Poder judicial y su tan cacareada defensa de la independencia montesquiana como su incumplimiento. Quizás, en algún momento, deberían reconocer que la independencia del poder judicial es una utopía, tal y como está planteada y habría que revisarla según otros parámetros democráticos. 

Es verdad que la mayoría de los jueces de este país reconocen que nunca se había llegado a la actual situación. Nunca se había visto que un partido político, que encima no gobierna, utilizara sin tapujos al Tribunal Constitucional en beneficio de unos intereses partidistas. Tampoco nos vamos a engañar. Se trata de un acto mafioso que hasta la fecha se venía haciendo siguiendo otros métodos menos escandalosos. Solo que la irrupción del TC paralizando al poder legislativo ha colmado todos los vasos del saber hacer liberal, para convertirse en una chapuza nunca perpetrada en los predios de la judicatura europea. 

Nunca se había visto que un partido político, que encima no gobierna, utilizara sin tapujos al Tribunal Constitucional en beneficio de unos intereses partidistas


Pero a lo que vamos, ¿qué contestó Manuel Azaña a la agria acusación de Gil Robles?


Transcribiré su intervención, incluidas las consabidas interrupciones de algunos diputados que, como los de hoy, ignoran en qué consiste la buena educación y no respetan los soliloquios de sus contrarios.


He aquí las palabras de Azaña:

“En primer lugar, yo no sé qué es el Poder Judicial (el señor Xirau : ¡Evidente!) Aquí está la Constitución. Yo no gobierno con libros de texto, ni artículos, ni con tratados filosóficos y doctrinales, gobierno con este librito y digo que se me busque en este libro Poder Judicial, que lo busquen aquí, a ver si lo encuentran (el señor Rey de Mora: No estará en la palabra, pero en el concepto sí está). No, señor Rey Mora, no es sólo una cuestión de palabras; va mucha e importantísima diferencia de decir “Poder Judicial”, a decir “administración de Justicia”. 

(...) Es preciso decir que ruedan por el vocabulario político una porción de expresiones que no corresponden a la realidad de la Constitución republicana, sino que vienen arrastradas de tiempos anteriores o de doctrinas más o menos erróneas en las que se enseñan a las gentes cosas que no corresponden a la realidad jurídica y política viva del país; por ejemplo, yo oigo mucho hablar del Poder moderador de la República; éste es una fantasía, esto viene del vocabulario del derecho político de antaño. (..) 

Uno de los tópicos circulantes acerca de los Tribunales de Justicia se resume en estas palabras, que evocan otras: “independencia del Poder Judicial”; esto es una de aquellas cosas que circulan como la de “menos política y más administración” o “el porvenir de España está en África”.

¿Independencia del Poder Judicial? ¡Según! ¿Independencia de qué? (el señor Gil Robles: Del Gobierno). Exactamente. ¿Independencia de qué? (el señor Gil Robles: De las intromisiones del Gobierno.-Rumores). “Pues yo no creo en la independencia del Poder Judicial (el señor Gil Robles: Pero lo dice la Constitución). Dirá lo que quiera la Constitución, lo que yo digo… (el señor Gil Robles: Artículo 94 de la Constitución). Cálmese el señor Gil Robles. Lo que yo digo es que ni el Poder Judicial, ni el Poder legislativo, ni el Poder ejecutivo pueden ser independientes del espíritu público nacional”.

 “Lo que yo digo es que ni el Poder Judicial, ni el Poder legislativo, ni el Poder ejecutivo pueden ser independientes del espíritu público nacional”



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