Todo marco político o institucional elige su lenguaje de forma estratégica, y en este caso, la elección de «migrante» responde directamente al relato, los objetivos y la visión de la Agenda 2030 (y la ONU).
Si se mira desde la perspectiva del análisis del discurso político, usar «migrante» en lugar de «inmigrante» o «emigrante» beneficia su narrativa por tres motivos fundamentales:
1. Desplaza el foco de la "frontera" a los "derechos universales"
• Decir «inmigrante» o «emigrante» pone el acento en la frontera nacional: el país que pones atrás o el país en el que entras. Remite inmediatamente a leyes nacionales, visados, controles fronterizos y soberanía de los Estados.
• Decir «migrante» desvincula a la persona del Estado-nación y la sitúa como un sujeto global de derechos. Para el enfoque de la Agenda 2030, una persona tiene derechos por el mero hecho de existir y desplazarse, independientemente de qué país deje o a cuál llegue.
2. Normaliza el fenómeno como un proceso continuo y positivo
Las palabras emigración o inmigración suelen asociarse conceptualmente a eventos puntuales o traumáticos (un problema de salida en el origen o una presión de llegada en el destino).
Al adoptar la palabra «migrante» y hablar de «movilidad humana», la Agenda 2030 construye un discurso donde el desplazamiento no es una "crisis" a contener, sino un estado natural, inevitable y dinámico de la globalización que debe ser «gestionado y facilitado» (como recoge expresamente la Meta 10.7).
3. Permite redactar políticas globales centralizadas
Para un organismo internacional, es mucho más efectivo proponer estándares globales bajo una sola etiqueta homogénea:
• Si distingues entre inmigrantes y emigrantes, tienes que dividir el discurso entre lo que deben hacer los "países ricos/receptores" y los "países pobres/emisores".
• Usando «migrante», la Agenda 2030 crea un paraguas único que engloba a todos los países dentro de las mismas metas de "gobernanza migratoria".
En conclusión: La elección no es neutra en términos de comunicación. Aunque la palabra existiera antes en la demografía, la Agenda 2030 la selecciona e impulsa porque «migrante» se adapta perfectamente a una visión globalista y basada en la movilidad, mientras que «inmigrante/emigrante» refuerza la idea tradicional de las fronteras nacionales y la soberanía de los Estados.
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