¿ Qué pensaría José Antonio Laborfeta de la actualmente conocida "corrección política"?
Analizar qué pensaría José Antonio Labordeta de la «corrección política» actual exige entender la esencia de su figura: un profesor, poeta, cantautor y diputado profundamente humanista, libertario, socarrón y, por encima de todo, auténtico.
Labordeta era un hombre sin imposturas que decía "al pan, pan y al vino, vino". Si tuviera que enfrentarse al clima cultural y lingüístico de hoy, su postura probablemente mantendría una dualidad muy clara entre la defensa del respeto mutuo y el rechazo frontal a la hipocresía y a la censura moral:
1. Rechazo al eufemismo y a la «mojigatería»
Labordeta fue un luchador contra la censura franquista y creció defendiendo la libertad de llamar a las cosas por su nombre. La corrección política cuando se convierte en un catálogo de eufemismos para "maquillar" realidades sangrantes (como la despoblación, la precariedad o la desigualdad) le habría resultado insoportable.
Para Labordeta, cambiar las palabras no cambia la injusticia. Probablemente vería con ironía cómo el lenguaje institucional se vuelve cada vez más edulcorado mientras los problemas de la gente común siguen siendo exactamente los mismos.
2. Un «¡A la mierda!» contra la superioridad moral
Su célebre "¡A la mierda!" en el Congreso de los Diputados en 2003 no fue un exabrupto vulgar, sino la reacción visceral de un hombre harto de la soberbia, el corrillo y la falta de respeto de quienes usaban las formas parlamentarias para ningunear al contrario.
Frente a la corrección política entendida como un tribunal de pureza moral o un filtro para no ofender a nadie jamás, Labordeta opondría su habitual retranca aragonesa:
Detectaría rápidamente el postureo de quien utiliza la corrección política para parecer mejor persona sin arriesgar nada.
Defendería la espontaneidad del lenguaje popular frente al «lenguaje de laboratorio» de la política o las redes sociales.
3. Respeto sagrado a la dignidad humana
Conviene no confundir el rechazo a la corrección política con el beneplácito al insulto o al odio. Labordeta fue un hombre profundamente comprometido con la justicia social, los derechos de las minorías, el feminismo y la dignidad rural.
Jamás habría defendido el uso del lenguaje para pisotear al débil. Lo que él aborrecía no era el respeto, sino la falsa educación que oculta la falta de empatía real.
En resumen
Labordeta miraría la corrección política actual con una mezcla de escepticismo, sorna y escozor:
Aceptaría cualquier avance que suponga más respeto y dignidad para las personas golpeadas.
Mandaría "a la mierda" a la policía de la palabra, al encorsetamiento del discurso, a la cancelación apresurada y a quienes usan la corrección lingüística como un disfraz de buena conducta política.

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