¿ Qué pensaría Manuel Fraga Iribarne sobre la actualmente llamada "corrección política?



Manuel Fraga Iribarne (1922-2012) fue una figura central y compleja de la política española del siglo XX, cuya trayectoria abarcó desde el franquismo (como ministro) hasta la democracia (como "padre" de la Constitución, fundador del Partido Popular y presidente de la Xunta de Galicia).

Analizar qué pensaría sobre la "corrección política" actual requiere combinar su perfil de intelectual conservador, su estilo directo y vehemente, y su pragmatismo como hombre de Estado que buscó consensos.

Dado que Fraga no vivió la eclosión actual de este fenómeno, cualquier análisis es una extrapolación basada en su pensamiento, sus escritos y su comportamiento político. Probablemente, su reacción habría sido de profunda hostilidad intelectual y política, aunque mitigada por un realismo estratégico si lo considerase necesario para la convivencia.

Aquí se detallan los ejes fundamentales de cómo habría interpretado este concepto:

1. El intelectual conservador frente al "nuevo dogmatismo"

Fraga era, ante todo, un hombre con una formación intelectual rigurosa y una visión conservadora de la sociedad y el Estado. Habría visto la corrección política no como un avance moral, sino como una imposición ideológica.

Pérdida de la Verdad y la Tradición: Para Fraga, existen valores, instituciones (familia, nación, Iglesia) y verdades históricas que deben ser defendidas. Habría percibido la corrección política como una corriente que intenta relativizar o demoler estos pilares, sustituyéndolos por tabúes culturales.

Aversión al "Marxismo Cultural": Habría interpretado gran parte de la corrección política actual como una metamorfosis del pensamiento de izquierdas ("marxismo cultural"), que ha trasladado la lucha de clases del ámbito económico al ámbito cultural y lingüístico para erosionar la hegemonía de los valores tradicionales occidentales.

Ataque al "Sentido Común": Como político que se vanagloriaba de pisar la realidad del pueblo (especialmente en Galicia), habría rechazado los códigos lingüísticos artificiales, viéndolos como jerigonzas elitistas alejadas del "sentido común" y la forma natural de hablar de la gente.

2. El estilo personal: Vocación por la claridad y aversión al eufemismo

El estilo de Fraga era legendario: directo, bronco, a menudo autoritario y sin filtros. El concepto mismo de "corrección política" es la antítesis de su forma de entender la comunicación pública.

"Al pan, pan, y al vino, vino": Fraga creía en el valor de la palabra directa y la claridad. Habría detestado la autocensura que impone la corrección política por miedo a ofender. Para él, ocultar la realidad tras eufemismos era una muestra de debilidad política o de hipocresía.

Autoridad frente a Victimización: Habría sido muy crítico con lo que hoy se denomina "cultura de la victimización". Frente a la idea de que hay que proteger a los colectivos de cualquier ofensa lingüística, Fraga defendía el valor del orden, la autoridad y el carácter. Probablemente habría tildado de "blandura" o "infantilismo" la necesidad de crear "espacios seguros" en las universidades o medios.

3. El "Hombre de Estado" frente a la fragmentación social

Además de intelectual y conservador, Fraga fue un pragmático que entendió la necesidad de estabilidad para el Estado. Desde esta óptica, su visión habría sido más matizada:

Riesgo de Cohesión Nacional: Habría visto la "política de identidades" que subyace a la corrección política (fragmentar la sociedad en grupos en función de género, raza u orientación sexual) como una amenaza directa a la cohesión de la nación española, su gran obsesión. Para Fraga, la identidad principal debe ser la de ciudadano español (y gallego, en su caso, dentro de España).

El Consenso y la Convivencia (La Matización): Fraga fue ponente constitucional. Aunque intelectualmente le repugnase, como "hombre de Estado" habría podido aceptar ciertos límites o cambios lingüísticos siempre y cuando fuesen necesarios para evitar convulsiones sociales mayores, garantizar la paz civil o fuesen el resultado de un consenso político mayoritario y estable, no de una imposición minoritaria o una moda mediática.

4. La visión de los símbolos y el pasado

Fraga nunca renegó del todo de su pasado en el régimen anterior, aunque pilotó su reforma. Habría sido un opositor feroz a la aplicación de la corrección política al ámbito de la memoria histórica.

Rechazo a la "Cancelación" Histórica: Habría interpretado los intentos de retirar estatuas, cambiar nombres de calles o juzgar el pasado con ojos del presente como un acto de "barbarie cultural" y revanchismo. Para él, la historia debe ser aceptada como un todo, no borrada.

En resumen: Manuel Fraga Iribarne habría sido un crítico vehemente de la corrección política actual, a la que habría visto como una mezcla de dogmatismo de izquierdas, élite académica elitista y debilidad de carácter. Habría combatido intelectualmente sus fundamentos teóricos y su estilo habría chocado frontalmente con la autocensura. Sin embargo, en el ámbito exclusivamente político, su pragmatismo de Estado le habría llevado a tolerar aquellos aspectos que fuesen imprescindibles para preservar la estabilidad constitucional, aunque siempre de forma renuente y denunciando su origen ideológico. 




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