• Paralelismos retóricos y de estrategia de Donald Trump y Pedro Sánchez
Si hablamos de un presidente del Gobierno de una nación democrática que critica a unos medios de comunicación y felicita a otros, a sus programas o periodistas estamos hablando indistintamente de Trump o de Sánchez
Paralelismos retóricos y de estrategia en los discursos de Donald Trump y Pedro Sánchez
1. Críticas a los medios de comunicación y periodistas
Ambos líderes han utilizado la narrativa de que existen sectores mediáticos que buscan desestabilizar sus gobiernos de manera injusta:
• Donald Trump: Popularizó el término «fake news» (noticias falsas) y suele calificar a los medios críticos como "enemigos del pueblo".
• Pedro Sánchez: Ha arremetido recurrentemente contra lo que denomina la "fachosfera" o "madriguera digital", denunciando una supuesta campaña de "fango" de medios de comunicación diestros y pseudomedios contra su Gobierno y su entorno.
2. Cuestionamiento y choques con el Poder Judicial
Tanto Trump como Sánchez han emitido declaraciones en las que sugieren que la justicia actúa motivada por intereses políticos ajenos al interés general:
• Donald Trump: Ha atacado de forma sistemática a jueces y fiscales involucrados en sus múltiples causas penales, tachando los procesos de "caza de brujas" promovida por el aparato estatal demócrata.
• Pedro Sánchez: Ha criticado abiertamente a sectores del poder judicial en España por lo que considera un fenómeno de lawfare (guerra judicial), especialmente a raíz de investigaciones que afectaban a su entorno o tras decisiones sobre la ley de amnistía.
3. Narrativa de la persecución y polarización
Los dos mandatarios tienden a estructurar sus discursos bajo una lógica de "nosotros contra ellos" para cohesionar a sus bases frente a la oposición:
• Donald Trump: Se presenta frecuentemente como un "mártir" que se interpone entre el sistema establecido (the deep state) y los ciudadanos estadounidenses.
• Pedro Sánchez: Suele articular sus declaraciones bajo la premisa de que sus rivales políticos representan una amenaza de retroceso democrático —llegando a calificar de "colaboracionistas" a bloques de la oposición—, justificando sus alianzas como un muro de contención.
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