¿POR QUÉ NO PROHIBIERON BOMBARDEAR CIUDADES EN LOS AÑOS 30?
En los años treinta, el derecho internacional no prohibía explícitamente el bombardeo aéreo de ciudades debido a un vacío legal provocado por el desfase entre el rápido avance de la tecnología militar y la lenta codificación de tratados internacionales.
1. El desfase de las Convenciones de La Haya
Los tratados vigentes en esa época eran las Convenciones de La Haya de 1899 y 1907. Estas leyes se redactaron antes de que los aviones fueran armas de guerra efectivas. La norma principal (Artículo 25) prohibía «atacar o bombardear, por cualquier medio, ciudades, aldeas, viviendas o edificios que no estén defendidos».
- El problema de la "defensa": En la guerra terrestre, una ciudad no defendida era aquella que no oponía resistencia armada a la entrada de las tropas. Sin embargo, en la guerra aérea, casi cualquier ciudad de la retaguardia albergaba alguna batería antiaérea, tropas de paso o industrias, por lo que las potencias militares argumentaban que la ciudad entera estaba «defendida» y, por ende, era un objetivo legal. [1]
2. El fracaso de las Reglas de La Haya de 1923
Tras los horrores de la Primera Guerra Mundial, un comité de juristas redactó las Reglas de La Haya sobre Guerra Aérea (1922-1923). Este texto prohibía explícitamente el bombardeo aéreo con el objeto de aterrorizar a la población civil o destruir la propiedad privada no militar.
- El problema: Estas reglas nunca fueron ratificadas formalmente por los principales gobiernos de la época (como el Reino Unido, Francia, Italia o Estados Unidos). Quedaron únicamente como un documento de intenciones jurídicas, sin fuerza legal vinculante.
3. La ambigüedad del «Objetivo Militar» y la Guerra Total
Durante el periodo de entreguerras cobraron gran fuerza las doctrinas de poder aéreo (como la del general italiano Giulio Douhet), que sostenían que las guerras futuras se ganarían destruyendo la retaguardia enemiga y quebrando la moral de la población.
- Con la llegada del concepto de guerra total, la línea entre combatiente y civil se difuminó. Si una ciudad albergaba una fábrica de municiones, una estación de tren o nudos de comunicación, se clasificaba como un objetivo militar legítimo.
- La falta de precisión: Dado que la tecnología de la época obligaba a bombardear a gran altura con nula precisión, el derecho consuetudinario toleraba los «daños colaterales» a civiles si el ataque iba dirigido teóricamente a una infraestructura militar.
4. Intereses políticos e imperiales
Muchas de las grandes potencias occidentales que debían legislar las prohibiciones (como el Reino Unido o Francia) habían empleado bombardeos aéreos masivos durante los años veinte y treinta para pacificar y reprimir rebeliones en sus propios territorios coloniales (como en Irak, Marruecos o Siria). Restringir por completo el bombardeo aéreo habría limitado sus propias capacidades de control imperial.
Este gran vacío normativo convirtió a los años treinta en el escenario idóneo para que los ejércitos probaran estas tácticas sin consecuencias legales coercitivas, lo que se vio trágicamente en la Guerra Civil Española (con bombardeos en Madrid, Guernica y Barcelona) y en la Segunda Guerra Chino-Japonesa, sirviendo de antesala para la destrucción masiva de ciudades durante la Segunda Guerra Mundial.

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