HENRY BUCKLEY: VIDA Y MUERTE DE LA SEGUNDA REPÚBLICA.

 

Henry Buckley

 

Hace muchos años que quería leer la versión original de The Life and Death of the Spanish Republic (“Vida y muerte de la República española”) del periodista británico Henry Buckley, corresponsal británico del periódico conservador, Daily Telegraph, pero era imposible conseguir este mítico libro porque pocas semanas después de su publicación en 1940, el almacén en Londres donde se guardaban casi todos los ejemplares fue destruido por bombas incendiarias alemanas. (página 48)

PAUL PRESTON


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Gracias, en parte, a los esfuerzos incansables del historiador británico Paul Preston, el libro fue publicado en español en 2009 por Austral, traducido por Ramón Buckley, uno de los hijos de Henry. Ahora ha sido reeditado por Austral y publicado en ingles por I.B. Taurus por la primera vez desde 1940 con las fotos de Buckley y prólogo de Preston.

William Chislett Buckley: un testigo excepcional





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FRAGMENTOS DEL LIBRO. Editorial Austral. 2009


PRÓLOGO



LEI por vez primera Vida y Muerte de la República española en la biblioteca de la Universidad de Oxford en 1969 y me impresionó su extraordinaria descripción de la política española durante toda la vida de la Segunda República, desde su inicio el 14 de abril de 1931 hasta su derrota a finales de marzo de 1939. Era un libro que abarcaba el periodo completo, combinando recuerdos personales de los grandes políticos de la época con relatos de primera mano de los principales acontecimientos de esa década decisiva. Narraba esa compleja experiencia con una prosa rica, salpicada de humor e impregnada de compasión por el sufrimiento de los españoles, y de indignación hacia quienes lo provocaron. Sentí gran interés por saber más de ese hombre que sentía un afecto tan profundo por España y por los españoles. Lo único que sabía era que Henry Buckley había sido corresponsal de The Daily Telegraph durante la Guerra Civil española. Por ello sentí una gran alegría cuando, en 1971, un amigo mutuo, Agustín Gervás, me presentó a Ramón, hijo del autor.[...]

                                                                                                                    PAUL PRESTON
 
CAPÍTULO 2


DON ALFONSO 

(PÁG 48 - 49)

  [...] Aun hoy desconozco el resultado exacto de las elecciones del 12 de abril. Los únicos resultados que he visto publicados concedían unos sesenta mil escaños de concejal a los monárquicos y unos catorce mil a los republicanos. Así es que, desde un punto de vista aritmético, el triunfo había sido para la monarquía. Unos meses más tarde, me acerqué al Ministerio de la Gobernación para confirmar resultados. Me llevaron los sótanos, y allí me mostraron centenares de paquetes que contenían los resultados telegrafiados desde cada uno de ellos ayuntamientos en España. nadie se había molestado en abrirlos. Pregunté por qué no se había hecho y cuál era la razón por la que todavía no sabíamos el resultado final de aquellas elecciones que había cambiado la historia del país. Me contestaron que había muchos empleados para realzar el cómputo final y que no estaban disponibles. Me pregunto si aquellos sobres han sobrevivido a las bombas incendiaras del general Franco y su alguien en el futuro tendrá la paciencia de hacer el recuento...[...]

    La coalición republicana había triunfado en casi todas las ciudades. También es verdad que había fracasado en la mayoría de los pueblos, porque los grandes terratenientes y los pequeños caciques controlaban aún a los campesinos y les exigían votar ala derecha. En algunos pueblos, ni siquiera las presiones de los caciques pudieron con las esperanzas que gran parte del campesinado depositaba en la República. Un amigo de Egea de los caballeros, en Aragón, me describía las lecciones del 12 de abril en su pueblo: " Era impresionante ver como los campesinos, antes de depositar su voto, proclamaban en voz alta que votaban por la República. Los caciques tomaban nota de sus nombres; así como el cabo de la Guardia Civil. Seguro que si la República no hubiera triunfado, la mayoría se habrían encontrado en la calle esa misma noche.

    Incluso en los barrios burgueses de Madrid había triunfado la República, una evidencia más ala abrumadora falta de apoyo a la monarquía.

    Se ha dicho muchas veces que las elecciones del 12 de abril eran de carácter municipal y no de carácter constitucional y que, por tanto, no procedía un cambio de régimen. Desde un punto de vista legal, es posible que esta argumento sea cierto. Pero desde el punto de vista práctico, el hecho de que que esas eleciones fueran  municipales facilitó mucho las cosas.

    Si hubieran sido de carácter legislativo, se deberían haber seguido los plazos de disolución de las Cortes, preparación de elecciones ,etc, y ello hubiera dado tiempo a que las fuerzas de la reacción y el feudalismo se prepararan y se organizan. El factor más importante de las elecciones de abril fue la sorpresa, y gracias a esa sorpresa se pudo cambiar de régimen en derramamiento de sangres (páginas 48 y 49)[...]


Páginas 50-53

    En aquella mañana del 14 de abril, el conde de Valencia era portador de mañas noticias para su amigo el rey. Llevaba una carta del conde de Romanones en la que éste comunicaba al monarca que sería conveniente " se ausentase del país durante algún tiempo"

[...] La propuesta del rey, que Romanones transmitió a los republicanos, consistía en la inmediata celebración. de nuevas elecciones para elegir unas Cortes Constituyentes, que se encargarían de redactar la Constitución deseada por el pueblo. El rey se comprometía a abandonar el país si el resultado de esas nuevas elecciones le era adverso.

    Las negociaciones entre Romanones y los republicanos tuvieron ligar en el domicilio del prestigioso médico don Gregorio Marañón, antiguo amigo del rey y ahora simpatizante de las ideas republicanas. Allí fue donde el conde de Romanones se entrevistó con su adversario político que acaban de salir de la cárcel, Niceto Alcalá Zamora. Éste rechazó la respuesta del rey y fue terminante con el conde. No podía haber un período neutral o constituyente. El monarca debía abandonar el país aquella misma tarde. De lo contrario, no respondía de lo que pudiera ocurrir cuando las masas trabajadoras acabaran su jornada.

    El conde de Romanones transmitió el ultimátum de Alcalá Zamora. Éste aún trató de convencer a Romanones proponiendo una solución intermedia al rey la regencia de su primogénito el infante don Carlos, de reconocido talante liberal al rey. El conde de Romanones expresó su opinión de que ya era demasiado tarde para cualquier solución que no significará la inmediata partida del rey de España. [...]

    Se ha hablado mucho de la esta salida tan precipitada del rey y algunos han llegado acusarle de cobardía. creo que la acusación es totalmente injusta. La permanencia del rey en Palacio no hacia sino poner en peligro no sólo la vida del familia  y los servidores que estaban dentro, sino también la de muchos que estaban fuera. El rey comprendió perfectamente que el objeto de la ira popular era él y que, al quitarse de en medio, restaba intensidad a la virulencia callejera[...]

Al salir a la calle pude contemplar un extraño cortejo que venía por la calle de Alcalá hacia la puerta del Sol. Aparentemente un oficial del Ejército se había hecho con una bandera republicana, y subiéndose sobre un coche , se dirigía a la Puerta del Sol ondeando los colores de la que iba a ser la bandera de España. Una multitud se había congregado a su alrededor coreando enfervorizada las palabras " República" y " Libertad". a las cuatro d el atarde, la puerta del Sol estaba de bote en bote. A esa misma hora el rey y su séquito discutían la mejor manera de abandonar el país mientras Alcalá Zamora y sus amigos se dirigían hacia el Ministerio de la Gobernación, aclamados por la muchedumbre[...] 

CAPITULO 3

MANUEL AZAÑA

( Páginas 73-74)

Manuel Azaña [...] Después de aprobar brillantemente unas oposiciones, se convirtió en funcionario público, y muy pronto se adapto a la vida que todo buen funcionario llevaba en Madrid ;levantarse a las diez, llegar al despacho a las once, comida a las dos, y después de la siesta al café. y de allí al Ateneo para leer o seguir discutiendo... volver a casa alas nueve para la cena y después de cenar, de nuevo al café o al teatro, para retirarse a la una o las dos de la mañana ... Azaña fue elegido secretario del Ateneo de Madrid, lugar de reunión de jóvenes inquietos muy diferente al tranquilo y conservador Ateneo londinense ( páginas ... Durante el levantamiento de Jaca hubo de huir a Francia [...]


CAPÍTULO 3

SANJURJO

( Páginas 78)

Sin juicio previo, el gobierno decidió castigar a varios centenares de personas que había participado en la tentativa de San Jurjo con el exilio a Villa Cisneros, en el Sahara español. La mayoría eran civiles o soldados sin graduación, de manera que le medida apenas  afectó al estamento militar. Sin embargo, recibió durísimas críticas tanto dela derecha como de la izquierda por haber exiliado a personas no sometidas antes de un juicio. Comprendo que la medida legalmente no se sostiene, pero desconozco qué otra cosa podía haber hecho el gobierno en aquellas circunstancias. Administrar justicia en España no era cosa de un día ni de dos: recuerdo que en mayo de 1936 asistí a un juicio contra unos anarquistas que había quemado una iglesia en Lora del Río, Córdoba... ¡ en 1931! [...]


            CAPITULO 5

            CASAS VIEJAS


( Páginas 84-85)

¡ y que me dicen de esa otra utopia de un Estado laico en el que las enseñanzas estarían en manos de aquél!¡ Fue el caos más total y absoluto! porque efectivamente, la ley que prohibía la enseñanza las órdenes religiosas se aprobó antes del verano, pero como no se confiscaron sus propiedades, el Estado se enfrentó a la imposible tarea de conseguir profesores y colegios para medio millón de niños que se habían quedado en la calle... ¡ Y el nuevo curso escolar estaba ala vuelta dela esquina! Las únicas escuelas que la República podía confiscar eran las delas la disuelta orden de los jesuitas... Pero ya se sabe hecha la ley hecha la trampa. Recuerdo el caso  de una iglesia y convento de los jesuitas en la Gran Vía que había resultado dañado en los sucesos de mayo de 1931. Cuando el Estado trato de hacerse con la propiedad de los edificios y el terreno, resultó que pertenecían a un ciudadano americano que vivía en Nueva York y que presentó los papeles que así lo acreditaban en regla... Y lo mismo sucedía con muchas otras escuelas que pertenecían a la Iglesia, aunque se emplearan otras argucias: Gil Robles y Martínez de Velasco se habían puesto al frente de empresas que controlaban las antiguas escuelas religiosas, laicas sobre el papel, pero religiosas en todo lo demás. Así como-¡ o h paradoja de las paradojas!-las antiguas escuelas religiosas se convirtieron en floreciente negocio para l apropia Iglesia: los nuevos directores eran laicos, pero la enseñanza estaba en manos de frailes, curas y monjas que actuaban " a título personal" y además cobraban una miseria, mientras que las clases media y alta seguían pagando elevadas matrículas por enviar a sus hijos a aquellas escuelas... ¡ El negocio para l apropia Iglesia no podía ser más provechoso!

    Y mientras, el Estado veía cómo todos esos hipotéticos alumnos se esfumaban, como por ensalmo... Pero, en ese sentido, la Iglesia casi le estaba haciendo un favor, ¿ de dónde iba a sacar  el Estado los diez mil maestros y las tres o cuatro mil escuelas que precisaba para iniciar el nuevo curso escolar? para acabar de rematar la faena, las elecciones que se celebraron a final de año se encargaron de asegurar que aquella bella utopía de una enseñanza laica en España nunca se hiciera realidad [...]


CAPITULO 6

GIL ROBLES

(Páginas 93)

[...] Las elecciones de 1933 habían complicado sobremanera el panorama político español. Y no porque hubiera ganado la derecha, sino porque el partido más importante, la CEDA de Gil Robles, no se declaraba abiertamente a favor de la República. En sus declaraciones decía " aceptar" de momento la República, pero propugnaba, para un futuro, un estado corporativo semejante a los que en aquellos momentos había en Italia o Alemania.Las juventudes del partido, conocidas como las JAP ( Juventudes de Acción Popular), iban aún más lejos y aseguraban que aquella " democracia decadente" representada por la República española debía ser " barrida del mapa". En aquellas extrañas circunstancias. ¿ qué es lo que debía hacer el presidente de la República, Alcalá Zamora? En teoría, su obligación era invitar a Gil Robles a s residencia para pedirle que formara gobierno. Pero Gil Robles seguía negándose a declarar abiertamente " republicano"y Alcalá zamora se negaba a recibirle en Palacio

Por otra parte,  hay que entender las presiones a las que los miembros de la CEDA se veían sometidos en aquellos momentos. Sus aliados políticos, los partidos monárquicos, consideraban las elecciones de 1933 como un plebiscito en el que el pueblo español había rechazado, por mayoría, la República como forma de Estado y había llegado el momento de que el Ejército, apoyado por los partidos de derecha, se hicieran con el control del país. Pero el partido de Gil Robles tampoco se dejaba arredrar por aquellas presiones. Su estrategia pasaba por convertir a Lerroux en jefe de gobierno, proporcionándole el apoyo de la CEDA en tanto siguiera las directrices de este partido [...] 


CAPITULO 7

JOSÉ ANTONIO

( páginás 99-100)

José Antonio, además de ser diputado en Cortes, tenía un bufete de abogado. Uno de sus hermanos, Fernando, estaba en el Ejército, y el otro, Miguel, se había quedado en sus tierras de Jerez de la Frontera para ocuparse de los negocios familiares. José Antonio era el único que vivía en Madrid, pero no se trataba del clásico señorito madrileño. Persona retraída, aficionado a la literatura, y sobre todo a la poesía, era demasiado sensible para alternar en los círculos de la sociedad madrileña de aquellos días. Hablaba inglés con un acento encantador.[...]

No creo que José Antonio dispusiera de más de mil hombres en todo Madrid. Pero, naturalmente, contaba con muchos miles de simpatizantes. A veces, cuando hablaba en las Cortes, parecía un líder obrero. Recuerdo una ocasión en la que, con encendida oratoria, habló de las mujeres andaluzas que trabajaban diez horas en el campo por una peseta. España, decía, tenía que ser totalmente reformada. No me extraña que el marqués de Eliseda, que había sido uno de los fundadores de Falange y había invertido mucho dinero en ella, se marchara indignado. Recuerdo otra ocasión en la que el líder socialista Indalecio Prieto había hecho un encendido elogio de las obras públicas realizadas bajo la dictadura de Primo de Rivera. José Antonio se levantó de su asiento y fue a estrecharle la mano. Gesto realmente insólito en unas Cortes en las que los diputados de izquierdas y derechas se miraban con verdadero odio, aunque luego, en los pasillos, confraternizaran bastante. José Antonio hacía lo contrario. Era capaz de ser muy efusivo en público con sus enemigos políticos, aunque después se mostrara reservado y distante. No estoy tratando de hacer un panegírico de la figura de José Antonio. No puede ocultarse el hecho de que, aparte de sus simpatizantes y seguidores, tenía un número bastante considerable de matones a su servicio.


( pàginas 104-105)

Pero, más allá de estos aspectos puntuales, existía el temor, ampliamente compartido por nacionalistas vascos y catalanes, de que el gobierno Lerroux se dispusiera a ceder ante las pretensiones de la España feudal y abrir las puertas a una nueva dictadura. Lo mismo temían los socialistas. Estos, presintiendo que algo iba a suceder, comenzaban a prepararse para un otoño caliente. Una partida de cuatrocientos fusiles, treinta ametralladoras y abundante munición, destinada en principio a un intento de golpe de Estado en Portugal que nunca se produjo, fue desviada hacia España a bordo del barco Turquesa, que atracó en el puerto de Gijón. Lograron descargar solo una pequeña parte de las armas antes de que la Guardia Civil incautara el resto. Sin duda, exageraba el ministro del Interior, Salazar Alonso, cuando le comentaba a un periodista extranjero: «Hay en España un millón de socialistas, armados hasta los dientes, dispuestos a levantarse en cualquier momento para implantar el comunismo». A pesar del exiguo botín del Turquesa y de algunos fusiles y ametralladoras que habían pasado de contrabando desde Alemania, el arsenal de los socialistas no podía competir, en aquellos momentos, ni con la más modesta guarnición militar de provincias. Tenían, eso sí, una buena cantidad de revólveres que se fabricaban en España, pero con revólveres no se hace una revolución

Circuló por aquellos días en Madrid el rumor de que los socialistas habían colocado cargas de dinamita en los sótanos del Ministerio de la Gobernación, con la idea de hacerlas explosionar si el ministro no dimitía. Yo, naturalmente, pensé que era un bulo. Pero uno  días más tarde me pude enterar de que algo de verdad había en ello. Me encontraba en el cine con mi amigo el pintor Luis Quintanilla. afiliado al  partido Socialsta, y en el descanso de la película le comenté la noticia.

"La dinamita-me dijo Quintanilla- no estaba en el ministerio, sino en casa del diputado socialista Morón. Un camarada en la policía nos dio el soplo de que iban a su casa a llevársela, y nosotros llegamos antes que ellos y la sacamos... Y ahí me tienes a mí-decía Quintanilla, muy divertido-cruzando la Gran Vía en un taxi con media tonelada de dinamita dentro y, además, sin saber adonde llevarla... Por fin recibí órdenes de enterrarla en un depósito de la Ciudad Universitaria. La policía que nos venía pisando los talones, se presentó allí poco después de que la escondiéramos" 

La verdad es que esta historia de policías me pilló por sorpresa. Una cosa es hablar de la revolución y otra sentirla tan cerca. Y lo que me parecía más terrible: si Quintanilla, Araquistain, Negrin, personas cultas, en modo algunos extremistas, se armaban, algo serio ocurriendo  (página 105)


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VERSIÓN  PDF  DE " VIDA Y MUERTE DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA"

VE LA LUZ EL RELATO PERDIDO : VIDA Y MUERTE DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA 

HENRY BUCKLEY :UN TESTIGO EXCEPCIONAL

¿ UNA REPÚBLICA DE DERECHAS?


  BIOGRAFÍA DE HENRY BUCKLEY


Decano de los periodistas extranjeros en España, pues oficiaba de corresponsal desde 1929 para The Daily Telegrapf. Fueron 10 años de servicios impagables a este gran profesional del periodismo. Henry Buckley fue espectador de los acontecimientos más importantes en España desde el final de la monarquía hasta la derrota de la II República. Buckley había llegado a España jovencito y sin experiencia, justo en el final de la Dictadura primoriverista. El amigo Henry era un católico inglés, conservador y afortunadamente libre de prejuicios. Desde su posición privilegiada, conoció a todas las figuras que en el final de la dictadura fueron. EL dictador, incluso le parecía un tipo honesto y le caía bien. También tuvo contacto periodístico con el Rey Alfonso, especialmente el día que perdió la corona, pareciéndole a Buckley un monarca estúpido para gobernar pero listo para las maldades, amen de un impenitente frívolo, pues mientras perdía el Reino se dedicaba a ver películas en el cine particular de palacio. Avanzados los acontecimientos y desbordada la nación española por lo males que nunca sus tradicionales clases dirigentes supieron remediar y llegada la hora de los reformistas, Buckley asiste excitado a la presión oligárquica y la reacción defensiva de los revolucionarios que asfixian al legitimo gobierno. Buckley les va cogiendo el punto a todos ellos. Alcalá Zamora no le gusta, le parece un charlatán llegado del otro bando. Azaña tampoco, es tan prepotente... Mucho menos los oligarcas, y muy poco los revolucionarios. A Buckley sólo le motiva el pueblo español, su resistencia, sus duras espaldas que lo aguantan todo, sus ganas de vivir y de aprender, sus deseos de luchar y crear un mundo mejor. Y así el conservador y joven Buckley se convierte en un admirador del pueblo español y de su República. Y lo entiende todo, como muy pocos corresponsales lo han hecho en España, en ese país que fuimos antes de la derrota en la Guerra Civil, donde el pueblo era lo que de verdad merecía la pena. Y donde su vanguardia política, mejor o peor, libre o dependiente, se debatía en una lucha brutal donde se jugaban sus destinos y sus vidas, y donde la perfidia Europea, fascismos emergentes o democracias decadentes, intervinieron o dejaron hacer, según  papeles, abocando al gobierno a ponerse en manos de ayuda lejana y políticamente muy peligrosa, pero no había otra.

Bucley era muy conocido entre los corresponsales de guerra en la España republicana, una especie de decano de todos ellos. Su libro Vida y muerte de la República española (1), es un disfrute para un republicano. Escrito después de la guerra dice exactamente lo que siempre pensamos quienes apoyamos al gobierno de Negrín. Pero no se trata como decimos de ningún peligroso comunista. No, se trata de un católico ingles, conservador.

    Son famosas sus crónicas en Teruel, en el Ebro, entrevistando a personajes del Ejército Popular, con sorprendentes apuntes que desbaratan los tópicos sobre personajes de la GCe sin contemplaciones y sin piedad. Notición, Lister no era un zafio comiendo, ¡era un Gourmet! que tenía un cocinero de tres estrellas. La Pasionaria, una terrible comunista que se comía a los niños crudos, le dejó a Buckley probablemente el mejor recuerdo que ningún líder republicano le dio durante las horas en que la entrevistó en Valencia. Aseguró que había más determinación y liderazgo en un meñique de la Pasionaria que en todo el cuerpo de Azaña. Azaña no le caía bien, tenía muy mala opinión de los líderes republicano-conservadores del partido de Azaña y les culpaba de no haber impedido la guerra civil y de no tener ningún cuajo con los militares, por no actuar duramente con ellos en vez de mandarlos a Canarias o a Pamplona para que prepararan su maldita conspiración. También criticó sin piedad a personajes míticos socialistas como Besteiro, del que aseguró que pese a ser una eminencia, no sabía lo que le pasaba a su propio país en guerra, y esta afirmación la hacía extensiva a muchos de quienes torpedeaban al gobierno Negrín, nacionalistas, socialistas, anarquistas y poumistas. A estos últimos les acusó directamente de las revueltas de mayo de 1937 en Barcelona, especial a Andreu Nin, aduciendo que fue un error haber dejado que policías comunistas lo desaparecieran en vez de juzgarlo como al resto de sus compañeros por rebelión militar.

    Buckley atravesó la frontera francesa en febrero de 1939 acompañando a los restos del Ejército de Cataluña. Durante la WWII fue corresponsal de guerra con los aliados en Italia y Francia. Participó en el desembarco de Anzio donde fue gravemente herido por un obús alemán. Posteriormente tras algunos otros destinos, fue nombrado responsable de la agencia Reuter en España y se afincó en Sitges con su familia (su mujer era catalana). Murió en 1972.

    




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