FEDERICO SANTANDER. ÚLTIMO ARTÍCULO EN ABC ANTES DE SER FUSILADO EN PARACUELLOS. EJEMPLO DE LA TERCERA ESPAÑA.
Santander Ruiz-Giménez, Federico. Madrid, 14.IV.1883 – Paracuellos del Jarama (Madrid), 2.XII.1936. Escritor, periodista y alcalde de Valladolid.Al acabar la Guerra, cuando aún se ignoraba con certeza su trágico destino, un expediente oficial ordena procesarle por desafecto al régimen vencedor.
ÚLTIMO ARTÍCULO DE FEDERICO SANTANDER
ABC 27 DE JUNIO DE 1936
TIEMPOS MEJORES, TIEMPOS PEORES
Federico Santander.
Un amigo mío, de quien lo serán cuantos tengan la fortuna de tratarle, porque en él se juntan felizmente la inteligencia, la simpatía y la bondad acostumbra a tranquilizar a quienes temen un porvenir peor, repitiendo las palabras del Salmo: “Centinela. ¿qué has visto en la noche?- He visto venir la mañana.
Algunos hay, almas íntegramente cristianas que como ese augurio ven venir el mañana, porque confían en que Dios, tras el horror y las tinieblas del castigo, hará despuntar una aurora de perdón y de paz. Otros, al afirmar tenazmente que, siendo como son, los tiempos de ahora son mejores que el pasado, no lo hacen por amor al hoy, del que saben y afirman que es abominable, sino por el odio al ayer, en el que su pasión condena la causa y raíz de todos los males ciertos y probables, actuales, futuros y remotos. Son los que achacan todas las culpas al pícaro y vitando espíritu del siglo XIX, bète noir, chivo al que hacer cargar con todos los pecados de Israel.
No tengo, ni creo que tendrá nadie, por perfecto al siglo XIX. No ha habido ni habrá siglo alguno en que la perfección se logre. Pero comparado con sus antecesores, singularmente con su antecesor inmediato, el XVIII, y con el que , para nuestra tortura, ha venido a sucederle, el XIX, es una época bastante decentita y potable. ¡que ya quisiéramos ahora como alivio!
Pero- es- se dice- que aquella paz engañosa es la que ha engendrado la guerra, y la confusión de hoy.
¿Y por qué ha de haberla engendrado? ¿Y sí lo ocurrido hubiese sido que no se siguió, como debió seguirse, la dirección marcada, sino que se desvió la trayectoria y se sustituyó bruscamente el espíritu de concordia y de convivencia por otro de intolerancia y tiranía?
El comienzo de los tiempos nuevos (los que se llaman Los tiempos difíciles en una comedia que París aplaudió no hace mucho) hay que colocarlo en el orden internacional en la guerra de 1914. He dicho ya que esta guerra fue la lucha del Hombre con las cosas (Los artilugios y chirimbolos creados por el hombre para satisfacción de sus necesidades espirituales o para su comodidad material. Se rebelaron contra el hombre y le vencieron). Se probó una vez más, que las guerras son una fuerza ciega y estúpida de cuyo empleo resulta lo contrario de lo que debiera resultar. Los boletines de campaña dijeron, como. En su día repetirán los manuales de Historia elemental para el uso de escolares, que la guerra la ganaron los países del Acuerdo que representaban al hombre y su personalidad y sus derechos. La Postguerra la ganaron las cosas: el Estado, la clase, el gremio, Alemania, Italia y Rusia. Con signos en apariencia opuestos, coinciden en su esencia antihumana. Un nacional-socialista para Hitler, un fascista para Mussolini, un tovarich para Stalin no es más que una pieza impersonal y anónima en un vasto engranaje. A la conservación de este engranaje se sacrifican las piezas que, naturalmente, no pueden hacer valer ningún derecho. ¿ Se le ocurriría a nadie hablar de los derechos de un tornillo o de la personalidad de un eslabón?
En el orden nacional, los tiempos nuevos empiezan en 1917, con la sublevación de las Juntas de Defensa, alzamiento sindicalista castrense, que sirvió de estímulo a otros sindicalismos. Con la fecha 1 de junio de 1917 se engarzaron, por engarce fatal, las de 13 de septiembre de 1923 y 12 de abril de 1931. Cuando alguien se declara limpio de toda culpa, es sin duda, porque ni contribuyó al descrédito y la impopularidad de lo existente ni colaboró con la Dictadura. Porque si hubiera colaborado, tendría, por lo menos, tantos motivos como los que estuvimos adscritos al llamado viejo régimen y le defendimos en su hora de desgracia y de persecución, para no conciliar el sueño sin apelar al veronal.
“Ideales a medias” se llama a los que sustentaban los hombres del siglo XIX. ¿Por qué a medias? Que las gentes vivieran libremente y en paz; que el derecho de cada uno tuviera por límites los derechos de todos los demás; que el Estado y la sociedad sirvieran para que se cumplieran los destinos del único ser de la creación que tiene un fin eterno. Así puede condenarse (en una fórmula defectuosa y a la que yo mismo, puesto a analizarla, presentaría objeciones) ese ideal combativo. Podrá decirse de él que es un ideal equivocado, pero no truncado ni incompleto.
Desde luego, es más noble, más humano- y más cristiano- que eso ideales del neopaganismo, bautizado o sin bautizar, que asignan al hombre como fin el vivir en lucha encarnizada para imponer a balazos y cuchilladas su criterio, y fundan el amor a la Patria en el odio a las patrias ajenas, confundiendo el patriotismo sano con el belicosismo, que es una de sus deformaciones, y teniendo por empresas gloriosas, no las que consisten en la defensa o en el recobro del suelo propio, porque éstas lo son siempre sino la usurpación de territorios de otros pueblos y el exterminio de estos pueblos cuando cometieron el imperdonable pecado de ser débiles.
¿Malo el ayer? Seguramente. Pero, con todos sus defectos, mil veces preferible a este hoy. “Es-se dice-que en este hoy tan negro y espantoso, se está formando un porvenir de triunfo y redención”. Será verdad, pero no hay señales de ello, sino de todo lo contrario. Como no tengo ojos de gato, no veo venir esa clara mañana. Veo tan sólo tinieblas
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.
BIOGRAFÍA
Santander Ruiz-Giménez, Federico. Madrid, 14.IV.1883 – Paracuellos del Jarama (Madrid), 2.XII.1936. Escritor, periodista y alcalde de Valladolid.
Hijo del médico zamorano Ismael Santander, y de la murciana de Lorca, Rosa Ruiz-Giménez, la familia paterna descendía de la villa vallisoletana de Rueda. A los tres años comenzó a vivir en Valladolid. Magnífico estudiante, aficionado al teatro y amigo de las tertulias desde su juventud, estudió Derecho defendiendo en 1908 una tesis doctoral bajo el título Organización política de España. La teoría y la práctica, donde profundizaba sobre la Monarquía constitucional como forma de gobierno. A los veinte años, publicó su primera novela, Epistolario, seguida de otros títulos que contaron con una notable recepción, siendo premiadas y publicadas en la Biblioteca Patria. La crítica lo reconocía como toda una joven promesa de las letras castellanas.
En esa ciudad castellana, vestida en invierno por una “niebla densa, que apaga sonidos, vela y oculta los objetos”, se reunía en la tertulia del café del Teatro Calderón junto con Mariano y Francisco de Cossío o Narciso Alonso Cortés, siendo uno de los fundadores de la revista Juventud Castellana. Se integró en el claustro de doctores de la Universidad de Valladolid, impartiendo algunas asignaturas, donde contó con discípulos como Francisco Javier Martín Abril. En el verano de 1911, inició un viaje por Francia y Suiza, enviando y publicando sus imprevisiones al Diario Regional a través de su columna titulada “Apuntes de viaje”, reunidos después en un libro. Las relaciones con la redacción de aquel periódico católico se tornaron tensas.
Encontró su vocación en el periodismo, pues bajo la dirección de Ricardo Allúe, se convirtió en el redactor- jefe de El Norte de Castilla. Federico Santander se comprometió en el periodismo, en la literatura y en la política con los liberales de Santiago Alba, cuando Europa estaba viviendo la Gran Guerra de 1914. En una España oficialmente neutral aunque repleta de anglófilos y germanófilos, Federico Santander se declaraba como un fiel partidario de la paz. Cada domingo, y por espacio de cinco seguidos, publicó en el suplemento literario titulado “Castilla”. En 1915, fue elegido concejal del Ayuntamiento de Valladolid, presentándose por la candidatura de Santiago Alba.
A principios de 1916 fue elegido primer regidor síndico. El 9 de enero de ese año, iniciaba en El Norte de Castilla el primero de los cuarenta y nueve artículos que compusieron la Guía espiritual de Castilla, con las líneas que compusieron “Desde la torre de la Antigua”.
Puy Palacios definía esta obra como “una visión intimista y crítica de la tierra en la que el autor vierte gustos y preferencias”.
Manteniendo su amistad con Santiago Alba, en 1917 fundó la Juventud de Izquierda Liberal Monárquica.
Comprometido en la vida cultural de Valladolid, junto con Cossío, Pérez Argote y Vela, se hizo empresario del Teatro Calderón. Al mismo tiempo, entre 1919 y 1923 fue presidente del Ateneo local, habiendo participado en su revista mensual Éxodo.
Siendo el 27 de diciembre de 1919 teniente alcalde, fue nombrado alcalde por la dimisión de Rodríguez Pardo. Con las elecciones del 1 de abril de 1920 fue elegido como tal por mayoría absoluta. Se preocupó por la higiene y salud pública de los diferentes barrios, la pavimentación de la ciudad, la atención y purificación de las aguas así como la depuración de las residuales, las escuelas, los mercados, la atención sanitaria así como las fuentes públicas. Su responsabilidad se interrumpió en abril de 1922. Con el golpe de estado del general Primo de Rivera, en septiembre de 1923, se disolvieron los Ayuntamientos y Federico Santander rechazó abiertamente el giro de la situación política. Sus “Charlas”, incluso, en la Universidad de Pablo Iglesias, fueron interrumpidas por la autoridad.
Defendió con entusiasmo al que había sido ministro, el mencionado Santiago Alba, dirigiéndose en su favor al mismo Alfonso XIII. La autoridad clausuró el Círculo Liberal vallisoletano y Federico Santander fue exiliado a Zaragoza. En noviembre de 1925 fue elegido académico electo de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción, plaza de la que nunca tomó posesión. Continuó colaborando con revistas como Blanco y Negro, algunos periódicos no vallisoletanos e, incluso, desde junio de 1926 se encargó de la dirección de El Norte de Castilla y de la presidencia de la Asociación de la Prensa. Como articulista se manifestaba como un brillante escritor, teniendo sus conferencias prestigio nacional.
Tras el final de la dictadura, el gobierno le encomendó la alcaldía de Valladolid (del 1 de abril de 1920 al 1 de abril de 1922). Él no eligió a los tenientes alcaldes, pues pensaba que lo tenía que hacer la corporación. La llegada de la Segunda República supuso su final como alcalde y director del periódico.
En la Estación del Norte, fue de los pocos monárquicos que acudieron a prestar sus respetos a la reina Victoria Eugenia camino del exilio. En el período republicano, vivió en Madrid, fundó el Círculo Monárquico Independiente e ingresó en el Rotary Club. Emprendió con otros amigos un viaje de vuelta al mundo en automóvil, desde el 23 de octubre de 1932. Tras casi un año de viaje, se incorporó al diario madrileño ABC, analizando la vida política del país, mientras rechazaba cualquier tipo de autoritarismo (“los monárquicos no son fascistas”). Su último artículo en aquel periódico, el 27 de junio de 1936, fue previo al ABC, Diario Republicano de Izquierdas. Detenido y encarcelado tras el golpe del 18 de julio en la prisión de Ventas, llegó a formar una tertulia en la misma prisión. Federico Santander entendió cuál iba a ser su final, siendo asesinado cerca de Paracuellos del Jarama en diciembre de 1936. Un expediente de 1940 le definía como desafecto al régimen franquista.
Obras de ~: Epistolario, Madrid, Biblioteca Patria, 1903; El regalo de la mentira, Madrid, Biblioteca Patria, 1903; ¡Por la moda!, Madrid, Biblioteca Patria, 1903; La casa de Balsaín, Madrid, Biblioteca Patria, 1904-1905; ¡Por el nombre!, Madrid, Biblioteca Patria, 1906; Alma Mater, Madrid, Biblioteca Patria, 1907; Organización política de España (la teoría y la práctica), Valladolid, Tipografía Colegio Santiago, 1908; Por Francia y por Suiza. Apuntes de viaje, Madrid, Biblioteca Patria, 1912; Los católicos y la política. Conferencia, Valladolid, imprenta viuda Montero, 1913; Comentarios a “La Malquerida”. Conferencia, Valladolid, Imprenta Viuda Montero, 1914; El collar de estrellas y la crítica. Conferencia, Valladolid, Imprenta Viuda Montero, 1915; Charlas (1916); Las enfermedades del patriotismo (1920); Las enfermedades del patriotismo. Discurso, Valladolid, Imprenta Castellana, 1923; El funcionarismo, Valladolid, Imprenta Castellana, 1924; Guía espiritual de Castilla, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1999.
Bibl.: J. Altabella, El Norte de Castilla en su marco periodístico (1854-1965), Madrid, Editora Nacional, 1966; J. M. Palomares Ibáñez, Valladolid 1900-1931, Valladolid, Ateneo, 1985; L. Rubio González, La literatura de Valladolid en el siglo xx (1900-1939), Valladolid, Ateneo, 1989; M.ª C. García de la Rasilla, El Ayuntamiento de Valladolid, política y gestión 1898- 1936, Valladolid, Ayuntamiento, 1991; P. Palacios Arregui, “Epílogo”, en Guía Espiritual de Castilla, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1999, págs. 305-309; M. A. Viloria, “Federico Santander. El último romántico”, en Personajes vallisoletanos, vol. II, Valladolid, Diputación Provincial, 2004, págs. 225- 235; E. Berzal de la Rosa, Grandes periodistas de Valladolid, Valladolid, Multiversa, 2006, págs. 132-136; J. A. Cano García, “Santander Ruiz Jiménez, Federico”, en P. Carasa (dir.), Diccionario Biográfico de Alcaldes de Valladolid. Del absolutismo a la democracia. Alcaldes y vida municipal en Valladolid (1810- 2010), Valladolid, Ayuntamiento, 2010, págs. 579-586.
Fdo Javier Burrieza Sánchez
ABC . CASTILLA Y LEÓN
En la calle del olvido
«La vida de Federico Santander parece una metáfora visionaria de una tercera España, la de la reconciliación y la concordia selladas en la Constitución de 1978»
IGNACIO MIRANDA .POR MI VEREDA,
22/12/2019
La lucha cainita de la Guerra Civil se llevó por delante a dos alcaldes de Valladolid, Antonio García Quintana y Federico Santander. El primero, cuyo nombre perdura, fue un honrado socialista comprometido con la educación, ejecutado en la ciudad el 8 de octubre de 1937 tras la condena por rebelión que dictó un consejo de guerra. El segundo, ya residente en Madrid, estuvo encarcelado en el presidio de Ventas, junto a Ramiro de Maeztu. En aquel noviembre horrendo de las sacas de presos hacia las fosas de Paracuellos de Jarama, su nombre fue leído el 2 de diciembre de 1936 por los milicianos. Como otros compañeros, subió al camión en presencia del director del penal, con la excusa de proceder a su «liberación» por orden de la Dirección General de Seguridad, para llegar finalmente ante el pelotón de fusilamiento en el citado municipio.
Federico Santander brilló como estudiante de Derecho. En su tesis doctoral sobre organización política de España defendía ya el modelo de monarquía constitucional. Hombre culto, excelente orador, amigo de Unamuno, ejerció el periodismo en Diario Regional y luego en El Norte de Castilla, del que llegó a ser director, sin olvidar su faceta literaria como dramaturgo. Concejal por la candidatura liberal de Santiago Alba, incansable conferenciante, empresario del Teatro Calderón, presidente del Ateneo, aventurero embarcado en la primera vuelta al mundo en un Ford V8 Tudor junto a tres amigos, accedió a la alcaldía en dos ocasiones entre 1920 y 1931, con una política centrada en obras de pavimentación, saneamiento y otras medidas de salud pública. Tuvo enfrentamientos con la dictadura de Primo de Rivera. Tras proclamarse la II República, cuya deriva soviética vaticinó, fue firma destacada de ABC, diario desde el que aclaraba que «ser monárquico no es ser fascista».
En el pleno de diciembre, el único concejal de VOX en el Consistorio vallisoletano, Javier García Bartolomé, propuso en una moción dedicarle una calle, al hilo la resolución del Parlamento Europeo que condena por igual los crímenes del comunismo y del nazismo. La iniciativa no prosperó pero abre un camino para rehabilitar su memoria, al margen de los postulados oficiales de la histórica. Federico Santander no debe seguir en la calle del olvido. Ítem más: al acabar la Guerra, cuando aún se ignoraba con certeza su trágico destino, un expediente oficial ordena procesarle por desafecto al régimen vencedor. Su vida parece una metáfora visionaria de una tercera España, la de la reconciliación y la concordia selladas en la Constitución de 1978, para seguir avanzando en un proyecto nacional común que, ahora, la ambición personal de algunos se empeña en liquidar.
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