ALEJO SCHAPIRE: ANTISEMITISMO SIN COMPLEJOS






Antisemitismo sin complejos

POR ALEJO SCHAPIRE

MARTES, 10 DE OCTUBRE DE 2023

«Esa misma izquierda tan pronta a denunciar el 'apartheid' de la sociedad más heterogénea y democrática de Oriente Medio, esa que se presenta como la campeona del antirracismo, es la primera en negar el factor racista cuando se ataca a judíos si es en nombre del 'antisionismo', último disfraz del antisemitismo.La izquierda que acusa a quien esté a un milímetro a su derecha de nazi, deja de percibir el nazismo cuando se mata a judíos por ser judíos»



El sábado fueron asesinados la mayor cantidad de judíos en un solo día desde el Holocausto. La saña de los verdugos de Hamás contra niños, adultos y ancianos en Israel provocó escenas de pavor e impotencia que recuerdan las razias nazis y al grupo Estado Islámico. decapitando al ritmo de «¡Alá es el más grande!». Difícil concebir un nivel de barbarie superior cuando, precisamente. la imaginación fue puesta al servicio de un salvajismo que se regocija en fabricar un espectáculo macabro.

Mientras los terroristas de Hamás se paseaban con cuerpos desarticulados de mujeres desnudadas en camionetas como trofeos de caza, adolescentes se retorcían de pánico en manos de sus despiadados captores y aparecían cuerpos de israelíes sin cabeza, podía esperarse, al menos en los primeros minutos. cierto pudor y cautela por parte de la izquierda propalestina en Occidente.

Hace rato que la izquierda ha trocado la camiseta del Che por la kufiya palestina. El colapso del bloque soviético -el inapelable fracaso del modelo eco­nómico comunista y la desaparición de la financiación por la URSS- la llevaron a dedicarse a las políticas identitarias. El obrero dejó de ser el sujeto histórico para ser sustituido por otro: la minoría étnico-sexual. En este nuevo paradigma, el musulmán en la sociedad­ occidental y el palestino a nivel internacional pasaron a ocupar el papel del oprimido por antonomasia. El judío. por quien se podía tener simpatía has­ta 1948 debido a su destrucción industrial por el nazismo, con la creación del Estado de Israel y su ne­gativa a ser nuevamente blanco de exterminio era transformado ahora, en una cínica inversión, en el arquetipo del nuevo opresor: el colono blanco. brazo del imperialismo occidental en Oriente Medio. En­ tanto.los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE.UU. mostraron a la izquierda radical que los enemigos de sus enemigos poseían el envidiable ­poder  de fuego 'antimperialista' que habían perdido desde el fin de la Guerra Fría.

En las últimas décadas, la afición por el terroris­mo palestino dejó la marginalidad de la ultraizquier­da que enviaba. desde Europa o Latinoamérica, a sus militantes a entrenarse militarmente con los grupos terroristas árabes en Oriente Medio.Ya no son sólo el terrorista 'Carlos' llich Ramírez, la banda Baader Me­inhof o los Montoneros quienes apoyan abiertamente o encuentran mil razones para mostrarse compren­sivos con la matanza de civiles. La alianza islamoz­quierdista es ya  un lugar común. El chavismo pro-Hizbolá, Podemos en la televisión iraní, los nexos entre la ultraizquierda argentina y el Gobierno iraní -detrás del atentado de la AMIA y de la Emba­jada de Israel- dejaron de ser fenómenos aislados has­ta normalizar esta alianza, a priori contra natura. en­tre una visión teocrática, machista y oscurantista con una radicalidad atea de izquierdas que jura por la diversidad sexual y la tolerancia religiosa. El presiden­te colombiano.Gustavo Petra, que ayer escribió «Ya estuve en el campo de concentración deAuschwitz y ahora lo veo calcado en Gaza», el exmandatario boli­viano Evo Morales o la Cancillería del Gobierno de Chile no tienen empacho hoy en encontrarle excusas a Hamás y relativizar sus masacres, mientras los socios del Gobierno de Pedro Sánchez compiten en responzabilizar  a Israel. que aún no entierra los 800 cuer­pos de civiles masacrados a sangre fría.

La benevolencia por la violencia islamista en lo que podemos llamar 'el campo progresis­ta' ha ido en aumento a medida que la izquier­da radical se imponía a los restos de la socialdemocracia, no sólo por adhesión ideológica, sino por un asumido clientelismo electoral ligado ala nue­va demografía europea marcada por la inmigración de origen islámico.

Hoy, en Francia. que concentra el mayor número de musulmanes y judíos de Europa a la vez, el 62 por ciento de los ataques antirreligiosos son contra los judíos, que representan apenas el 1 por ciento de la población francesa. según estadísticas del Ministe­rio del Interior para el año 2022. Nueve de cada diez judíos dicen haber sido víctimas de antisemitismo como estudiantes en el país que sufrió los sangrien­tos atentados islamistas en la escuela judía de Toulouse o el supermercado 'kosher¨ Hypercacher invo­cando la causa palestina oel Estado Islámico. Desde el sábado, veinte actos antisemitas fueron consigna­ dos y diez personas quedaron detenidas. informó el lunes el ministro del Interior Gérald Darmanin.

Sin embargo, esa misma izquierda tan pronta a denunciar el ´apartheid' de la sociedad más hetero­génea y democrática de Oriente Medio, esa que se presenta como la campeona del antirracismo, es la primera en ne­gar el factor racista cuando se ataca a judíos si es en nombre del 'antisionis­mo', último disfraz del antisemitismo, el mismo que carcome al Partido Labo­rista en el Reino Unido y le valió la ex­pulsión a Jeremy Corbyn.

Mientras tanto, los campos de con­centración para millones de la minoría musulmana uigur en China o la perse­cución de los rohingyas en Birmania, los ataques a palestinos en campos de refugiados en Siria. no generan curio­samente ningún tipo de manifestación de esta misma izquierda en Occidente. El 'software' de la nueva izquierda considera, a través del prisma de la Teo­ría Crítica Racial importada de los cam­pus estadounidenses, que sólo el hom­bre blanco es capaz de racismo. nece­sariamente sistémico y hereditario. El antisemitismo sólo puede ser recono­cido como tal cuando se trata del anti­guo y residual, a manos de cabezas ra­padas de ojos azules. De este modo, la izquierda que acusa a quien esté a un milímetro a su derecha de nazi deja de percibir el nazismo cuando se mata a judíos por ser judíos. El judío, en cambio, es sospsechoso de ser  un supremacista blanco en potencia hasta que se demuestre lo contrario abrazando la autoflagelación y el nuevo cate­cismo antirracista. Una delas pocas excepciones en la izquierda francesa en estas horas ha sido la de la alcaldesa de Paris.Anne Hidalgo. que ha llamado al Partido Socialista al que pertenece a poner fin a su alianza con Jean-Luc Mélenchon, líder de la izquier­da radical La Francia Insumisa. porque «su postura contra Israel y su negativa a condenar a la organiza­ción  terrorista Hamás son insostenibles».

En 1979, el filósofo francés Michel Foucault expre­só su fascinación por la Revolución Islámica en Irán, como antes lo había hecho Sartre. Poco tiempo trans­currió para que este entusiasmo chocara con la rea­lidad  de un sistema teocrático que pasó a cuchillo a los izquierdistas que los acompañaron y luego convirtiera ­  en ciudadanos de segunda a mujeres y ma­tara a homosexuales. Hoy, mientras las iraníes pa­gan con la vida la libertad de quitarse el velo islámi­co, la izquierda occidental milita por su uso en nuestras sociedades. De este modo, el machismo, el oscuran­tismo religioso y el totalitarismo islamista han encontrado ­ en la izquierda un fabuloso caballo de Tro­ya decorado con eslóganes antirracistas y a favor de la tolerancia.

                                                                                                                                                                                                                                        Alejo Schapire                                                                                                                                                  es  periodista

                                                                                                                                                





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