PRIMER SITIO DE ZARAGOZA
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| Juramento de los defensores de Zaragoza en la plazuela del Carmen, Nicolás Ruiz de Valdivia, óleo sobre lienzo, 1866. Depositado en las Cortes de Aragón |
El mes de junio de 1808 supuso el inicio de todo: el paso de una población civil pacífica a una milicia ciudadana enfurecida. En apenas dos semanas, Zaragoza pasó de no figurar en los planes militares de Napoleón a convertirse en el primer gran quebradero de cabeza para sus generales.
Primera quincena (1 al 15 de junio): La insurrección y la aproximación francesa
1 a 7 de junio: Tras los levantamientos de mayo, Zaragoza se organiza a contrarreloj. El recién nombrado capitán general, José de Palafox, recluta a miles de voluntarios civiles (labradores, artesanos, estudiantes). Carecen de uniformes y apenas tienen armas, pero se organizan en los llamados Tercios de Voluntarios de Aragón.
8 de junio: Las alarmas se encienden al confirmarse que un ejército francés al mando del general Lefebvre-Desnouettes ha salido de Pamplona con unos 6.000 infantes, 1.000 jinetes y 12 piezas de artillería con rumbo a Zaragoza.
9 a 12 de junio – Las batallas previas: Palafox envía columnas de voluntarios mal entrenados para frenar el avance francés en la ribera del Ebro. Se suceden las derrotas españolas en las batallas de Mallén (13 de junio) y Alagón (14 de junio). La caballería polaca al servicio de Napoleón (los lanceros del Vístula) causa estragos entre los inexpertos milicianos aragoneses.
14 de junio: Los restos de las tropas españolas derrotadas regresan en desbandada a Zaragoza. Cunde el pánico en la ciudad. Muchos creen que la caída es inminente, ya que Zaragoza no tiene murallas defensivas reales, solo tapias de ladrillo y adobe que cercan las huertas.
El día clave: 15 de junio – La Batalla de las Eras
15 de junio: Lefebvre llega a las afueras de la ciudad por el camino de Madrid. Convencido de que la población civil se rendirá al ver a sus tropas, ordena un asalto simultáneo inmediato sin preparar el terreno.
Por la mañana: Las columnas francesas atacan tres puntos clave: la Puerta del Sancho, la Puerta del Portillo y la Puerta del Carmen.
El estallido popular: La reacción de los zaragozanos es feroz. Hombres y mujeres salen a la línea de fuego. Los pocos cañones disponibles en la ciudad, colocados estratégicamente por oficiales de artillería y coordinados por líderes populares como el padre Santiago Sas, disparan a quemarropa contra los franceses.
El resultado: Tras horas de combate sangriento en los campos exteriores (las Eras), Lefebvre sufre más de 700 bajas y se ve obligado a ordenar la retirada. Zaragoza ha ganado el primer asalto.
Segunda quincena (16 al 30 de junio): El inicio del asedio formal
16 de junio: Lefebvre acampa a las afueras. Asombrado por la resistencia, comprende que no puede tomar la ciudad al primer intento y solicita urgentemente refuerzos y artillería pesada a Madrid y Pamplona.
17 de junio: El brigadier de ingenieros Antonio Sangenís toma el control técnico de la defensa. Comienza a diseñar fortificaciones improvisadas: se derriban casas extramuros para despejar el campo de tiro, se abren aspilleras en los muros de los conventos y se fortifican las puertas con sacos de tierra y balas de lana.
18 de junio: José de Palafox sale en secreto de la ciudad de noche. Deja el mando defensivo a sus oficiales y se marcha hacia el sur de la provincia (Belchite) para intentar reunir un ejército de socorro exterior que pueda atacar a los franceses por la espalda.
19 a 22 de junio: Días de relativa calma defensiva en los que los zaragozanos trabajan sin descanso cavando fosos. Los franceses se limitan a mantener la posición y realizar reconocimientos del terreno.
23 de junio: Llegan las primeras piezas de artillería pesada al campamento francés. Lefebvre ordena los primeros bombardeos esporádicos sobre la ciudad para minar la moral de los civiles.
24 de junio: Las tropas francesas comienzan a desplegarse hacia el sur de la ciudad, ocupando los alrededores del Canal Imperial de Aragón y presionando las inmediaciones del Monte Torrero.
25 de junio: El general francés Jean-Antoine Verdier llega al campamento con una división de refuerzo. Trae consigo ingenieros militares y cañones de gran calibre.
26 de junio: Con los nuevos refuerzos, los franceses lanzan un ataque masivo para aislar la ciudad por su flanco oeste, posicionándose con éxito en la zona de la Almozara.
27 y 28 de junio: El bombardeo sobre Zaragoza se vuelve continuo y sistemático. Los obuses destruyen los primeros tejados del barrio de San Pablo.
29 de junio: El general Verdier asume formalmente el mando del asedio por encima de Lefebvre. Su primera orden es preparar un ataque directo contra el estratégico Convento de San José y planificar el gran asalto general que ejecutarían a principios de julio.
30 de junio: El mes termina con una Zaragoza cercada por tres de sus cuatro costados, envuelta en columnas de humo por los incendios de la artillería, pero con una población civil completamente unida bajo el lema de resistir a toda costa.
- 1 de julio: Los franceses intensifican el cañoneo sobre la ciudad para debilitar los muros e improvisan un ataque hacia el convento de San José.
- 2 de julio: El día de Agustina de Aragón: Se produce el asalto general francés contra las puertas del Portillo, el Carmen y el Sancho. La presión es brutal en la Puerta del Portillo; al caer todos los defensores de una batería, Agustina Zaragoza toma la mecha de un artillero muerto y dispara un cañón a bocajarro contra la columna francesa. Su acción frena el avance enemigo y da tiempo a que lleguen refuerzos. Los franceses son rechazados tras sufrir más de 500 bajas.
- 3 de julio: Ante el fracaso de los asaltos, los generales franceses Lefebvre y Verdier cambian de plan. Deciden tomar las alturas que dominan la ciudad. Empiezan a presionar la posición del monte Torrero.
- 4 de julio: Tras una débil resistencia de los defensores debido a fallos de coordinación, las tropas españolas evacuan el monte Torrero. Los franceses ocupan esta posición estratégica clave y capturan los almacenes del Canal Imperial.
- 5 de julio: Instalados en Torrero y en la ermita del Calvario, los artilleros franceses comienzan a plantar sus baterías de cañones y morteros pesados orientados directamente hacia el casco urbano.
- 6 de julio: Comienza un bombardeo sistemático y devastador sobre la ciudad. Las bombas incendiarias causan pánico entre los civiles y destruyen los primeros edificios céntricos.
- 7 de julio: El general Verdier envía un parlamentario ofreciendo la rendición de la ciudad a cambio de respetar las vidas y propiedades. La junta de defensa de Zaragoza rechaza la oferta de inmediato.
- 8 de julio: Continúa el bombardeo. Los zaragozanos, dirigidos por el brigadier Sangenís, trabajan día y noche bajo las bombas cavando fosos y levantando barricadas de adobe, sacos de tierra y lana.
- 9 de julio: Los franceses completan la construcción de una gran batería de artillería frente al convento de San José (fuera de las murallas) para batir sus muros.
- 10 de julio: Tras un fuerte cañoneo, las tropas francesas asaltan y toman el Convento de San José. Los defensores aragoneses se ven obligados a replegarse hacia el interior de la ciudad.
- 11 de julio: Un día clave para la moral: José de Palafox regresa a Zaragoza tras haber salido a reclutar tropas. Logra burlar las líneas francesas e introducir en la ciudad un convoy con unos 3.000 soldados regulares, armas y víveres.
- 12 de julio: Palafox reorganiza los sectores de defensa de la ciudad y nombra comandantes civiles y militares para cada barrio. Los franceses comienzan a cavar trincheras paralelas (líneas de aproximación) hacia las puertas de Santa Engracia y del Carmen.
- 13 de julio: Escaramuzas continuas en los extramuros. Los francotiradores franceses hostigan a cualquiera que intente reparar las defensas españolas.
- 14 de julio: El general Verdier asume el mando absoluto del ejército francés del asedio, relegando a Lefebvre. Ordena formalmente pasar a un sitio formal de bloqueo total y diseña el plan para cruzar el río Ebro.
- 15 de julio: Los franceses lanzan un feroz ataque contra el barrio del Arrabal (en la margen izquierda del Ebro) con el objetivo de cortar las comunicaciones de la ciudad hacia el norte. Vecinos del barrio y campesinos, liderados por el "Tío Jorge", luchan con furia y logran repeler el ataque protegiendo el Puente de Piedra.
- 16 de julio: Tras el fracaso en el Arrabal, Verdier ordena volver a concentrar el fuego de artillería sobre el tramo sur de la ciudad (Santa Engracia y el Carmen).
- 17 de julio: Un terrible incendio provocado por las bombas francesas destruye el Hospital General de Nuestra Señora de Gracia, uno de los edificios más grandes de la ciudad. Los zaragozanos arriesgan sus vidas bajo el fuego para salvar a los enfermos y enajenados mentales.
- 18 de julio: Los franceses consiguen pasar algunas tropas en barcas a la margen izquierda del Ebro, aguas abajo, comenzando a amenazar seriamente las rutas de abastecimiento que venían del norte.
- 19 de julio: Continúa el duelo de artillería. La escasez de pólvora en la ciudad se vuelve crítica; los zaragozanos instalan molinos improvisados dentro de la ciudad para fabricarla artesanalmente.
- 20 de julio: Las trincheras francesas de aproximación están ya a muy pocos metros de los muros de los conventos de Santa Engracia y San José.
- 21 de julio: El calor del verano zaragozano se intensifica. Los cuerpos de los caídos en las tierras de nadie empiezan a descomponerse, amenazando con desatar epidemias.
- 22 de julio: Los franceses completan el cerco de la margen izquierda del Ebro ocupando la cartuja de Aula Dei y el pueblo de Almozara, estrechando el anillo sobre la ciudad.
- 23 y 24 de julio: Días de bombardeos intermitentes. Los franceses centran sus esfuerzos en colocar minas subterráneas cargadas de pólvora excavando por debajo de las defensas españolas.
- 25 de julio: Se producen salidas sorpresa de pequeños grupos de defensores zaragozanos (guerrillas urbanas) para asaltar las trincheras francesas por la noche y clavar clavos en sus cañones (inutilizándolos).
- 26 y 27 de julio: La presión psicológica aumenta; cae una media de 300 a 400 bombas diarias sobre el núcleo urbano. El paisaje de Zaragoza es ya el de una ciudad semiderruida.
- 28 de julio: Los franceses terminan de emplazar sus baterías de brecha (cañones pesados a muy corta distancia de los muros) apuntando al Convento de Santa Engracia.
- 29 y 30 de julio: Intercambio de fuego de fusilería en los puestos avanzados. Verdier reagrupa a su infantería y prepara las columnas de asalto masivo para los primeros días de agosto.
- 31 de julio: El mes termina con un cañoneo ensordecedor. Las defensas de los conventos del Carmen y Santa Engracia están al límite de su resistencia, preparando el escenario para el sangriento "Día de la Sangre" que acontecería el 4 de agosto.
- 1 y 2 de agosto: Los franceses desatan un bombardeo ininterrumpido de 48 horas. Utilizan más de 60 piezas de artillería pesada concentradas en el sector sur. El Convento de Santa Engracia y las murallas de tierra adyacentes quedan reducidos a escombros, abriendo enormes brechas transitables para la infantería.
- 3 de agosto: El general Verdier ultima los detalles del asalto general. En el interior de la ciudad, Palafox y Sangenís intentan levantar barricadas de fortuna justo detrás de las brechas abiertas.
- 4 de agosto – El asalto general (El "Día de la Sangre"): A las dos de la tarde, las columnas francesas lanzan un ataque masivo. Penetran por las brechas de Santa Engracia, el Carmen y la puerta de la Natividad. La defensa cede y los franceses avanzan rápidamente hasta el corazón de la ciudad: la calle del Coso. Es el momento del famoso ultimátum de Verdier ("Paz y Capitulación") y la réplica de Palafox ("Guerra y Cuchillo").
- 5 de agosto: La batalla se estabiliza en una línea de frente inverosímil: el Coso divide la ciudad. Los franceses ocupan una acera y los españoles la de enfrente. Se combate derribando tabiques interiores para avanzar de una habitación a otra. Comienza la guerra de minas y contraminas subterráneas.
- 6 de agosto: Palafox sale brevemente de la ciudad hacia el norte (Margen Izquierda) para asegurar la llegada de un convoy de socorro con municiones y hombres desde Lérida y Valencia. El mando interior queda en manos de su hermano, Francisco Palafox.
- 7 de agosto: Los franceses intentan romper el punto muerto incendiando sistemáticamente los edificios que controlan para forzar la retirada española hacia el río, pero los defensores se mantienen firmes entre los escombros humeantes.
- 8 de agosto: Entra con éxito en Zaragoza el convoy de socorro conseguido por Palafox, aportando 3.000 hombres frescos y, sobre todo, pólvora y alimentos. La moral defensiva se dispara.
- 9 de agosto: El calor extremo del agosto zaragozano y la acumulación de cientos de cadáveres insepultos entre las ruinas del Coso provocan una situación sanitaria insostenible. Se pacta una breve tregua informal de unas horas únicamente para retirar los cuerpos y evitar la peste.
- 10 de agosto: Llegan rumores alarmantes al campamento francés: la noticia de la rendición del general Dupont en la Batalla de Bailén (ocurrida a finales de julio) se confirma. Verdier sabe que el ejército español del sur avanza hacia Madrid y que sus líneas de comunicación corren peligro de quedar aisladas.
- 11 de agosto: Los combates callejeros disminuyen en intensidad. Verdier empieza a planificar una retirada estratégica, pero ordena mantener el fuego de artillería para disimular sus intenciones.
- 12 de agosto: Las tropas francesas comienzan a evacuar silenciosamente a sus heridos y los suministros no esenciales hacia el norte, en dirección a Tudela y Navarra.
- 13 de agosto: Durante todo el día y la noche, los franceses intensifican el cañoneo para enmascarar los movimientos de retirada del grueso de su infantería. Los ingenieros napoleónicos colocan cargas explosivas en los edificios y conventos que controlaban.
- 14 de agosto – El final del sitio: A las seis de la mañana, una monumental explosión destruye por completo las ruinas del Convento de Santa Engracia; es la señal de despedida francesa. Cuando los zaragozanos salen cautelosamente de sus posiciones, descubren que el campamento enemigo está desierto. Los franceses han abandonado el asedio, dejando atrás parte de su artillería pesada arrojada al Canal Imperial.

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