Las políticas y leyes que dificultan, retrasan o desincentivan la labor en el monte influyen en el problema de los incendios de los bosques a través de varias vías:


1. La burocracia desincentiva al pequeño propietario

Más del 70% de la superficie forestal en países como España es de propiedad privada. Cuando para podar, desbrozar o extraer leña un particular debe enfrentarse a trámites administrativos complejos, demoras en permisos o riesgo de sanciones, muchos optan por no tocar la parcela. El resultado es un monte fragmentado donde parcelas abandonadas acumulan toneladas de matorral listo para arder.


2. Abandono de usos tradicionales (Silvopastoril)

Históricamente, el ganado (ovejas, cabras) y la recolección de leña mantenían el sotobosque a raya de forma natural. Algunas normativas ambientales restrictivas, junto con el despoblamiento rural, han dificultado la ganadería extensiva en zonas protegidas o acotado en exceso sus movimientos. Al eliminar al "cortafuegos natural" que representa el pastoreo, la vegetación baja crece sin control.


3.Continuidad del combustible (Carga de biomasa)

El peligro real de un gran incendio no es solo la masa de árboles, sino la continuidad vertical y horizontal del combustible:

  • Continuidad horizontal: El matorral tupido conecta unos árboles con otros sin interrupción, permitiendo que el fuego avance velozmente a ras de suelo.

  • Continuidad vertical: La maleza alta actúa como una "escalera" que permite que las llamas suban del suelo a las copas de los árboles, transformando un fuego de superficie (controlable) en un incendio de copas (devastador).



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