Niceto Alcalá-Zamora no escatimó en contundencia al analizar el texto que él mismo tuvo que aplicar como Jefe del Estado. A continuación se presentan los fragmentos más destacados de Los defectos de la Constitución de 1931, estructurados por los bloques temáticos más relevantes de su crítica:

1. La Constitución como "arma de partido" (El pecado original)

Alcalá-Zamora denunció desde las primeras páginas que la norma fundamental no se redactó para integrar a todos los españoles, sino para imponer el programa ideológico de una mayoría coyuntural:

«Se redactó una Constitución que se quiso hacer de partido y no de la Nación; una Constitución que no agrupaba, sino que dividía; una Constitución en que la mitad de los españoles quedaban fuera del régimen, y la otra mitad, dividida.»

«Se hizo una Constitución que invita a la discordia antes que a la concordia; no un código de paz, sino un cartel de desafío.»



2. La cuestión religiosa y el sectarismo (Artículos 26 y 27)

Para el político cordobés (católico y republicano), el tratamiento dado a la Iglesia en el texto constitucional fue el error táctico y moral más grave del proceso constituyente:

«La Constitución de 1931 cometió el grave error de confundir la neutralidad del Estado con la persecución o el menoscabo de la religión de la inmensa mayoría de los españoles.»

«El artículo 26 no fue una medida de laicidad, sino una provocación y una agresión. En lugar de una separación pacífica entre la Iglesia y el Estado, se votó un régimen de excepción y de hostilidad que convirtió a millones de creyentes en enemigos leales o potenciales de la República.»


3. La arquitectura institucional y el hiperparlamentarismo

Alcalá-Zamora desgranó los fallos de diseño del sistema político, criticando la falta de contrapesos y la debilidad del Ejecutivo frente a un Parlamento unicameral omnipotente:

«Se creó una sola Cámara con omnipotencia ilimitada, sin la garantía de un Senado ni la barrera moderadora de un veto presidencial auténtico. Una Cámara única, cuando no está templada por la prudencia, es una máquina de atropello.»

«El Poder Ejecutivo quedó reducido a un papel de mera subordinación y permanente inestabilidad, expuesto a los caprichos del soplo parlamentario y privado de los medios constitucionales para defender la continuidad de la gobernación del Estado.»



4. La paradoja y la trampa del Presidente de la República (Art. 81)

El expresidente criticó duramente el artículo 81, relativo a la facultad del Presidente para disolver las Cortes, el cual terminó volviéndose en su contra en abril de 1936:

«El mecanismo de la doble disolución de Cortes puesto en manos del Presidente de la República es una trampa mortal: se le da la facultad de disolver las Cortes, pero al mismo tiempo se le amenaza con la destitución si la nueva Cámara juzga innecesaria la segunda disolución. Se obligaba así al Jefe del Estado a jugarse el cargo cada vez que intentaba consultar la voluntad del país.»



5. La rigidez para la reforma constitucional

Advirtió que las tramas defensivas e hiper-rígidas impuestas para modificar el texto legal condenaban al país a la ruptura violenta al cerrar la vía institucional de corrección:

«Al hacer casi imposible la reforma constitucional por vías legales y pacíficas, los redactores del texto condenaron a España a una alternativa funesta: o la sumisión a los errores del texto o la revolución para cambiarlos.»



6. La cuestión territorial y el "Estado integral"

Respecto al modelo de descentralización y las autonomías, Alcalá-Zamora señaló la falta de claridad en las competencias del Estado central:

«El 'Estado integral' fue una fórmula ambigua que quiso contentar a todos y no satisfizo a nadie. Abrió la puerta a un traspaso de competencias sin las debidas garantías de lealtad constitucional, debilitando la cohesión nacional sin resolver definitivamente la aspiración regionalista.»




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